El doctor Abdala Auad está intranquilo. Isabel Leiva, la empleada doméstica, lo escuchó gritar y echar a unos hombres de su estudio. Los vecinos lo vieron hablando solo por las calles del barrio Centro, ciudad Capital.
Abdala —54 años— defiende a un grupo de accionistas minoritarios del Nuevo Banco de la Provincia. El oriundo de Suncho Corral, departamento Juan Felipe Ibarra, lleva adelante una denuncia por delitos económicos contra los directivos de la entidad. Tiene todas las de ganar, lo sabe; pero también todas las de perder, lo intuye.
Abdala está casado con Delia Gómez, una cordobesa a la que conoció cuando estudiaba abogacía por esos pagos. Es papá de Ricardo —15— y Cristina —7—, quienes seguirán más tarde sus pasos y se convertirán en letrados.
Es 18 de marzo de 1977. Padre e hijo desayunan mate cocido con pan en el comedor de la casa de Independencia 580. "Nos vemos a la tarde, Ricardito. A las 18, 19 estate en el estudio (N. de R.: se encontraba —y encuentra— dentro del domicilio). Bajá, entrá y hablamos", le indica. Ricardito asiente y se va a la escuela Normal Manuel Belgrano.
Abdala agarra las llaves del auto y se dirige a un encuentro con Jorge Nazar, su sobrino. La cita es en la puerta del banco hipotecario. Van a hacer trámites bancarios, pero el doctor nunca llegará.
Nerviosismo
Es 17 de marzo de 2026. Ricardito ya es el doctor Ricardo Abdala Auad. Tiene 63 años y es papá de María Victoria —33—, Ricardo Abdala —30— y Juan Ignacio —29—. Sigue viviendo en Independencia 580 y atiende en el estudio heredado.
"Se vivía un momento muy tenso en casa por las denuncias que mi padre había hecho contra el grupo mayoritario del Nuevo Banco, por una estafa a los ahorristas minoritarios —recuerda Ricardo, en diálogo con Nuevo Diario—. Había discusiones y nerviosismo. Mi papá era una persona de temperamento fuerte".
En la mañana de la cita, Abdala fue interceptado a la altura de Buenos Aires, entre Mitre y Urquiza. "Hay gente que lo ve pasar por Urquiza e Independencia: iba manejando, con una persona a su derecha y otras dos atrás —menciona—. No llegó a ver al sobrino; entonces, empezó la alerta familiar, porque sabíamos que estaba amenazado. Se hizo la denuncia en la Policía: en un tono un poco jocoso, Warfi Herrera, jefe de Policía, dijo que era 'muy pronto' para denunciar la desaparición. Y un tío le respondió: 'No, no es pronto porque él estaba amenazado, y ustedes lo sabían'".
En rigor, Ricardo se enteró tiempo más tarde de que su padre había recibido aprietes anónimos. "'Van a venir por mí y por Ricardito', le dijo mi papá a mi mamá", relata.
"Ese día, se movilizó la familia —rememora—. Hasta vinieron parientes de Suncho Corral. El auto fue encontrado en una famosa estación de servicio, en Belgrano casi Antenor Álvarez: se lo habían dejado a una persona para que lo lave y le cambie el aceite, los filtros... Eso fue lo último que se supo de él".
Debacle
Ricardo considera que tras el secuestro "se vino la debacle económica de la familia", puesto que "mi papá era el sostén de sus (ocho) hermanos"; asimismo, "mi mamá fue incansable buscando a su marido y se gastó hasta lo que no tenía".
Delia, a través de Basilio Lami Dozo, exjefe de la Fuerza Aérea, consiguió una entrevista con Jorge Rafael Videla, en Buenos Aires. "Fue con mi hermana y mi tía Lidia. Videla no dijo nada, obviamente. 'Su marido ya va a aparecer'. La Cristinita le pidió que su papi esté para su comunión. 'Quedate tranquila que tu papá va a estar', le respondió", comenta.
El doctor no se olvida de las amenazas y las llamadas pidiendo rescate. Visitó Buenos Aires, Córdoba, Catamarca, Tucumán, entre otras provincias, pero no obtuvo respuestas. "Calculo que el mismo aparato represivo lo hacía a propósito para tapar un poco la investigación", supone. "Hay un testimonio de un señor que estuvo secuestrado en el centro de La Dársena (Banda): a él le tiran agua tibia en la cara, porque hacía frío y se ve que casi se les muere, y se le corre la venda. Logra ver a (Roberto) Díaz Cura y a otro. 'Casi nos pasa lo mismo que con el doctor Abdala Auad', dijeron, lo que significa que pudo haber estado ahí", agrega.
El abogado también piensa que su padre fue quemado en la Fábrica de Carbón Activado, que quedaba camino a La Dársena.
"Al otro día (del secuestro), ya estaba muerto —cree—. La intención no ha sido matarlo, solo darle un susto para que afloje un poco. En el apriete se les ha ido la mano. Una falla cardíaca pudo ser: capaz que le hicieron ver una foto mía y le dijeron 'vamos a matar a Ricardito', y bum, ha reventado".
Sin esperanzas
Ricardo asegura que perdió "hace mucho" las esperanzas de encontrar los restos de su padre.
Victoria irrumpe en la entrevista: "En el colegio (Belén) siempre me hacían contar el caso. Muchas compañeras decían: 'Por algo lo habrán hecho'. Esto me moviliza porque me hubiera gustado tener un abuelo, y más sabiendo que era generoso, y que mi papá tuviera a su papá. Nos lo han arrancado. Es totalmente injusto. Me da impotencia. Después de tantos años, me parece que tampoco tengo esperanzas".
Ricardo advierte que cada 18 de marzo "me pongo sensible" y "me decaigo"; así también "puteo y reputeo" (a su padre). "No entiendo: ¿por qué no le puso un freno a la situación? Siendo un hombre tan inteligente, tan brillante... ¿Por qué no pensó en su familia? Eso me duele", lamenta.
*Por este crimen, fueron condenados Musa Azar Curi (perpetua), Miguel Tomás Garbi (perpetua), Francisco Laitán (perpetua), Ramiro López Veloso (perpetua), Warfi Herrera (perpetua) y Roberto Díaz Cura (16 años de prisión). La sentencia fue por delitos de homicidio agravado, violación de domicilio, privación ilegítima de la libertad y torturas.