El nombre de la variante, que hace referencia al insecto que permanece "bajo tierra" por largos períodos, responde a que la cepa se mantuvo con baja detección desde finales de 2024 hasta su reciente explosión. Según informes de los CDC de Estados Unidos, la subvariante BA.3.2 ya representa hasta el 30% de los casos en determinadas regiones y se distingue por poseer entre 70 y 75 mutaciones, una cifra significativamente superior a las cepas que dominaron el año pasado.
El Dr. Robert Hopkins Jr., referente de la Fundación Nacional para las Enfermedades Infecciosas, advirtió que si bien la variante XFG sigue siendo la dominante a nivel global (53%), Cicada está mostrando una expansión mucho más agresiva en Europa. El principal temor de los expertos radica en que la estructura genética de Cicada pueda reducir la efectividad de las vacunas actuales, aunque se espera que los refuerzos sigan protegiendo contra cuadros graves y hospitalizaciones.
Síntomas y la "garganta de afeitar"
Hasta el momento, la sintomatología de Cicada no difiere radicalmente de otras versiones de Ómicron, incluyendo fatiga, dolor de cabeza, congestión nasal y tos. Sin embargo, médicos han reportado un síntoma persistente y agudo en los nuevos infectados: un dolor de garganta extremadamente intenso, descrito por los pacientes como una "garganta de cuchilla de afeitar". Afortunadamente, no hay datos que indiquen que esta cepa sea más letal que sus predecesoras.
Ante este panorama, las autoridades sanitarias recomiendan reforzar las medidas básicas: ventilación de ambientes, uso de mascarillas en espacios cerrados de alta concurrencia y, fundamentalmente, completar los esquemas de vacunación. En un contexto de baja percepción de riesgo, Cicada surge como un recordatorio de que el virus continúa su proceso de adaptación, aprovechando las brechas en la inmunidad colectiva para seguir circulando.