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INFORME EXCLUSIVO NUEVO DIARIO: Santiago del Estero, donde el empleo privado crece a contramano del país

18/03/2026

En la Argentina de hoy, donde casi todo cruje, hay datos que no sólo llaman la atención: obligan a detenerse.

En 2025, mientras la gran mayoría de las provincias vio retroceder el empleo privado registrado, Santiago del Estero quedó entre las apenas cuatro jurisdicciones que lograron crecer. Neuquén encabezó con una suba del 2,1%, seguida por San Juan con 2%, Santiago del Estero con 1,6% y Río Negro con 1,1%. Al mismo tiempo, a nivel nacional, el empleo asalariado privado cerró diciembre de 2025 con una caída interanual del 1,4%, equivalente a 88.900 puestos menos.

No es un dato menor. No lo es por el contexto. No lo es por la persistencia. Y no lo es, sobre todo, porque el empleo privado registrado sigue siendo una de las varas más serias para medir la salud real de una economía. Puede haber rebotes, maquillajes estadísticos o mejoras pasajeras en otros indicadores, pero cuando una provincia consigue sostener y ampliar puestos de trabajo formales en medio de una crisis nacional, lo que está mostrando no es un espejismo: está mostrando rumbo.

En ese marco, Santiago del Estero merece ser leída como algo más que una excepción. Merece ser observada como un caso. Porque mientras en buena parte del país el mercado laboral se achicó, aquí hubo una dinámica distinta. Y cuando una provincia se destaca en medio de la intemperie, no alcanza con atribuirlo a la casualidad. Hay detrás una forma de administrar, una idea de Estado y una relación concreta con el sector privado que explican por qué, aun en tiempos difíciles, hay territorios que resisten mejor que otros.

Santiago del Estero viene construyendo desde hace años una identidad política y de gestión fundada en una palabra que para muchos parece fría, pero que en economía vale oro: previsibilidad. Un Estado que ordena sus cuentas, que sostiene inversión en infraestructura, que no abandona la obra pública, que garantiza servicios y que genera condiciones de confianza, no compite contra el privado: lo potencia. Desde el propio gobierno provincial se ha remarcado que la continuidad de obras, la administración eficiente de recursos y un clima de reglas estables son parte del ecosistema que permite que la iniciativa privada invierta y sostenga empleo genuino.

Ahí está, justamente, una de las claves. Durante mucho tiempo se quiso instalar en la Argentina una falsa discusión: Estado o sector privado. Como si uno debiera existir a costa del otro. Como si la presencia estatal fuera, por definición, enemiga de la producción y del trabajo. Santiago del Estero parece demostrar lo contrario. Cuando el Estado planifica, invierte y ordena, el privado encuentra un piso sobre el cual desarrollarse. Y cuando ese vínculo se vuelve virtuoso, el resultado más noble aparece donde debe aparecer: en el empleo formal.

No se trata de propaganda ni de declamación. Se trata de resultados. En el último informe oficial del Ministerio de Capital Humano, el trabajo registrado privado total en Argentina apenas creció 0,2% interanual en diciembre de 2025, y ese tenue avance se explicó fundamentalmente por el aumento del monotributo, no por el empleo asalariado. Es decir: el país sostuvo parte de su volumen registrado, pero con más fragilidad laboral y menos empleo asalariado estable. En ese escenario, que una provincia del norte argentino haya logrado crecer en empleo privado registrado tiene un valor político, económico y simbólico muchísimo mayor.

 

Porque no hablamos de una potencia petrolera ni de una plaza financiera. Hablamos de una provincia del Norte Grande, históricamente obligada a pelear contra asimetrías estructurales, contra el centralismo, contra las distancias logísticas y contra décadas de prejuicios. Y aun así, Santiago aparece entre las pocas que avanzan. Eso, por sí mismo, ya es una noticia importante. Pero además es una señal. Una señal de que el desarrollo no es patrimonio exclusivo de las regiones favorecidas por naturaleza o por cercanía geográfica al centro del poder económico. También puede construirse desde una provincia periférica, con decisión política, administración firme y articulación inteligente con quienes invierten y producen.

Incluso el último panorama oficial del trabajo registrado muestra otro elemento que ayuda a leer este fenómeno: en enero de 2026, el empleo asalariado privado se estabilizó en el conjunto relevado y el interior del país mostró mayor dinamismo que el Gran Buenos Aires. En los aglomerados del interior crecieron la industria, el comercio y los servicios financieros, mientras que las empresas ubicadas fuera del área metropolitana mostraron más optimismo sobre la expansión de sus plantillas. Ese dato no prueba por sí solo la situación santiagueña, pero sí confirma que parte de la energía del mercado laboral hoy está latiendo más en el interior que en el centro tradicional.

Santiago del Estero, entonces, no debe conformarse con celebrar el número. Debe leerlo como una responsabilidad. Porque cuando una provincia se transforma en ejemplo, también se transforma en referencia. El desafío ya no es únicamente crecer; es sostener ese crecimiento, ampliarlo, diversificarlo y convertirlo en horizonte. Que el empleo privado registrado aumente en una provincia donde el país cae no puede ser una anécdota de coyuntura. Tiene que ser el punto de partida para una ambición mayor: consolidarse como un modelo de estabilidad, producción y trabajo formal en el Norte argentino.


Uno de los ejemplos de visión estatal fue la implementación este año del Programa Santiago Crece con Vos, destinado a capacitar en diversos oficios para mejorar la empleabilidad de jóvenes mujeres y hombres de nuestra provincia. Es inédito en el país

Y acaso allí aparezca la verdadera revelación de este dato. No es solamente que Santiago del Estero haya crecido cuando casi todos caían. Lo verdaderamente revelador es por qué pudo hacerlo. En un país donde muchos gobiernos se resignan a administrar el deterioro, Santiago muestra que todavía hay otro camino posible: el de un Estado que no estorba, sino que ordena; que no improvisa, sino que planifica; que no asfixia al privado, sino que le da el marco para invertir y contratar. En una Argentina donde el empleo formal se ha vuelto una especie en retirada, Santiago del Estero acaba de demostrar que la estabilidad no es un discurso. Es una construcción. Y cuando esa construcción es seria, termina produciendo lo más valioso de todo: trabajo.

 

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