En medio de jornadas de calor y la humedad en aumento, el organismo activa distintos mecanismos para regular la temperatura. Sin embargo, cuando esas herramientas no alcanzan, comienzan a aparecer señales de alarma que muchas veces se pasan por alto.
Hidratación: mucho más que tomar líquidos
Para prevenir estos cuadros, el especialista insistió en una pauta concreta: tomar un vaso de agua cada 30 minutos. En términos generales, el consumo debería rondar los dos litros diarios, aunque puede ser mayor en contextos de calor extremo.
En el caso de los adultos mayores, el riesgo es mayor porque la sensación de sed suele aparecer más tarde, por lo que es fundamental estimular la ingesta de agua de manera consciente.
Debbag también aclaró que no todas las bebidas hidratan igual. Las opciones azucaradas deben evitarse porque el azúcar “arrastra contenido de agua”, lo que empeora la deshidratación. En situaciones de sudoración intensa, algunas bebidas con electrolitos pueden ser útiles, siempre que no contengan altos niveles de azúcar.
El color de la orina
Otro de las formas más directas —y fáciles de detectar— la deshidratación es el color de la orina, un indicador clave del estado de nuestros niveles de líquido en el organismo.Esa pérdida no solo implica agua, sino también electrolitos esenciales, como sodio y potasio. Según explicó el cardiólogo, el desequilibrio puede impactar en el funcionamiento del corazón y favorecer la aparición de arritmias, especialmente en personas que pasan muchas horas en la calle o realizan esfuerzos físicos con altas temperaturas.