El hábito alimentario de los argentinos sigue transformándose y el sector aviar es el gran protagonista. Según el último informe del Centro de Empresas Procesadoras Avícolas (CEPA), el consumo de carne de pollo durante 2025 se situó en los 49,4 kilos por habitante, una cifra que roza los 50 kilos históricos y mantiene a la Argentina entre los consumidores más importantes a nivel global.
Esta tendencia no es casual: el factor económico ha sido determinante. Mientras el poder adquisitivo se vio tensionado, el pollo funcionó como una alternativa accesible. Durante el año pasado, el precio del pollo entero al consumidor registró una suba del 19%, un porcentaje que se ubicó muy por debajo de los incrementos detectados en otros cortes cárnicos, permitiendo que la demanda interna no decayera.
La robustez del sector también se traduce en números de producción impactantes. Por primera vez, se registró el nacimiento de más de mil millones de pollos en granjas argentinas, asegurando el abastecimiento total del mercado local. Sin embargo, la industria no solo mira hacia adentro: en 2025 se exportaron más de 206 mil toneladas de productos a 76 destinos internacionales, con una fuerte presencia en mercados de Asia y África.
Si se analiza la serie histórica, el crecimiento es vertiginoso. El volumen productivo actual triplica los registros de principios del siglo XXI. Este salto de escala es el resultado de una fuerte inversión tecnológica en toda la cadena, desde la genética hasta el procesamiento, consolidando al pollo no solo como una opción económica, sino como una de las industrias agroalimentarias más eficientes del país.