Las fuerzas armadas de Estados Unidos atacaron este viernes la isla de Kharg, situada frente a la provincia de Bushehr, en lo que fue calificado por la Casa Blanca como uno de los bombardeos más poderosos en la historia de Oriente Medio. El enclave es considerado el corazón energético de la República Islámica, ya que por sus terminales transita el 90% de las exportaciones de crudo de ese país.
A través de sus redes sociales, el presidente Donald Trump confirmó la operación ejecutada por el Comando Central. “Bajo mis órdenes, se aniquilaron por completo todos los objetivos militares en la joya de la corona de Irán”, detalló el republicano, quien aclaró que, por el momento, optó por no destruir las instalaciones de procesamiento y exportación de petróleo por “razones de decencia”.
Sin embargo, el mandatario lanzó un ultimátum vinculado a la seguridad en el estrecho de Ormuz. Advirtió que, ante cualquier interferencia con el paso libre de los buques, reconsiderará de inmediato la decisión de proteger la infraestructura productiva. “Hacerían bien en deponer las armas y salvar lo que queda de su país, ¡que no es mucho!”, sentenció el mandatario estadounidense.
El valor estratégico de Kharg
La isla de Kharg, que cuenta con apenas 22 kilómetros cuadrados, funciona como una fortaleza bajo la estricta supervisión de la Guardia Revolucionaria (IRGC). Debido a su rol vital en las finanzas de Teherán, diversos sectores internacionales habían presionado recientemente para neutralizar este nodo y asfixiar económicamente al régimen iraní.
Este ataque revive las tensiones de la década de los 80, cuando se intentó sin éxito bloquear las exportaciones de crudo desde esta posición. En la actualidad, la isla posee defensas reforzadas que se han consolidado durante décadas, lo que convierte a la incursión del Comando Central en un movimiento de altísimo impacto geopolítico y militar.
Por ahora, el mercado global de energía observa con cautela la situación, mientras las autoridades iraníes evalúan los daños estructurales en sus bases militares tras la ofensiva que el presidente de Estados Unidos definió como definitiva.