La historia de Kathy, exmodelo de Playboy, es el reflejo de lo que puede salir mal cuando una cirugía estética termina en pesadilla. Todo comenzó cuando decidió viajar a Ecuador para hacerse un retoque en la nariz y un lifting de cuello, al buscar dejar atrás las arrugas que tanto la acomplejaban.
Pero lo que prometía ser un cambio positivo se transformó en un verdadero calvario. La clínica a la que fue terminó siendo apodada la “Casa del Horror” por las condiciones en las que atendían a los pacientes.
Según relató la propia Kathy en el programa de TV “Botched”, la situación fue alarmante desde el primer momento. “No había anestesista. Me dieron un puñado de pastillas y me dijeron que las tomara. Eso fue todo”, contó.
El horror no terminó ahí. Cuando despertó de la operación, estaba atada a la cama y completamente sola. “No había nadie mirando, nadie cuidándome. Tuve la cirugía y cuando me desperté, no había nadie”, recordó, todavía conmocionada.
La pesadilla continuó. Apenas le dieron aspirinas después de la operación, comenzó a sangrar de manera alarmante. “Terminé en un hospital de Los Ángeles, donde me tuvieron que poner tres litros de sangre”, relató.
Pero además del susto, los resultados fueron un desastre: “No es simétrico, me cuesta respirar, es horrible”, se lamentó.
Desesperada por revertir el daño, Kathy buscó la ayuda de los doctores Paul Nassif y Terry Dubrow, quienes le propusieron una cirugía reconstructiva: un nuevo lifting de cuello y una rinoplastia para corregir los errores.
Tras el proceso de recuperación, la exmodelo pudo finalmente mostrar su nuevo rostro en una fiesta con amigos y familiares. “Después de la cirugía, mi cuello quedó genial, ya no tengo que preocuparme por las arrugas y puedo respirar por primera vez”, celebró, visiblemente emocionada.