Perú vuelve a mirar al Congreso con la expectativa de quien sabe que, una vez más, de allí saldrá el nombre que ocupará temporalmente el sillón presidencial. Este miércoles, desde las 18 (hora peruana) , el Parlamento se reunirá para elegir a su nueva mesa directiva, una decisión que trasciende lo legislativo: el ganador asumirá automáticamente como presidente interino del país tras la destitución de José Jerí.
La remoción de Jerí se produjo tras ser acusado de "mala conducta en sus funciones y falta de idoneidad", en el marco de investigaciones fiscales por presunto tráfico de influencias y patrocinio ilegal de intereses. El detonante fue una reunión clandestina con un empresario chino vinculado comercialmente con el Estado, a lo que se sumaron denuncias por irregularidades en contrataciones durante su gestión.
Cuatro candidatos en la puja
Cuatro legisladores formalizaron sus candidaturas para ocupar el cargo. En orden de inscripción, los postulantes son:
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Segundo Héctor Acuña Peralta (Honor y Democracia)
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María del Carmen Alva Prieto (Acción Popular)
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Edgard Reymundo Mercado (Bloque Democrático Popular)
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José María Balcázar (Perú Libre)
Quien resulte electo asumirá de inmediato y permanecerá en el cargo hasta el 28 de julio, cuando deberá asumir el mandatario surgido de las urnas en los comicios generales previstos para el 12 de abril.
Una década de vértigo institucional
La elección de este miércoles no es un hecho menor en la historia reciente peruana. Será el octavo presidente que tenga el país en los últimos diez años, una marca que refleja la profunda crisis de gobernabilidad que atraviesa la nación andina.
Desde 2016, la fragilidad política se volvió moneda corriente. De los últimos siete presidentes, cuatro fueron destituidos por el Congreso: Martín Vizcarra, Pedro Castillo, Dina Boluarte y el propio José Jerí. En tanto, Pedro Pablo Kuczynski y Manuel Merino renunciaron antes de enfrentar un proceso similar. El único que logró concluir su mandato interino fue Francisco Sagasti.
Horizonte incierto
Con la elección de hoy, Perú suma un nuevo capítulo a su prolongada inestabilidad. El nuevo presidente no solo deberá conducir el Parlamento, sino también liderar el Ejecutivo en una etapa de transición marcada por la desconfianza ciudadana, investigaciones judiciales y un calendario electoral en marcha.
La votación definirá, una vez más, el rumbo de un país acostumbrado a mirar al reloj institucional con la incertidumbre de quien no sabe cuánto durará el próximo gobierno.