Durante los últimos meses de 2025 y el inicio de 2026, los hábitos de ocio en Argentina comenzaron a experimentar una transformación profunda. El entretenimiento no desaparece, pero adopta formatos más económicos y flexibles, con las reuniones en casas, plazas y espacios abiertos ganando terreno frente a propuestas tradicionales como el cine, que sufre una caída sostenida de espectadores.
El fenómeno refleja una adaptación del consumo en un contexto de restricciones económicas. Lejos de abandonar las salidas, las personas priorizan encuentros cercanos y de menor costo, donde el eje está puesto en compartir tiempo más que en la actividad en sí misma.
Salidas que se mantienen, pero cambian
Datos recientes indican que cuatro de cada diez argentinos realizaron alguna salida o gasto nocturno en el último mes, aunque con diferencias según el nivel socioeconómico. La práctica se mantiene más extendida en los sectores medios y medio altos, pero en todos los casos se observa un cambio en la forma de salir, con decisiones más cuidadosas y espontáneas.
En promedio, se registran cerca de dos salidas por semana, especialmente entre jóvenes y en grandes ciudades, lo que muestra que el ocio se mantiene como un hábito regular. Sin embargo, la planificación es cada vez más cercana en el tiempo: muchas personas deciden qué hacer en la misma semana o incluso el mismo día, priorizando la flexibilidad frente a los compromisos anticipados.
Dentro de las actividades más frecuentes se destacan las reuniones con amigos o familia, las propuestas al aire libre, las meriendas y las comidas informales. En estos casos, el valor principal está en el encuentro social, que se consolida como una forma accesible de sostener la vida social aun en períodos de ajuste.
El cine, en caída libre
En contraste, algunos consumos culturales más costosos enfrentan un retroceso. La asistencia a las salas de cine, por ejemplo, registró una caída interanual cercana al 23% en enero, con poco más de dos millones de entradas vendidas, una de las cifras más bajas desde que existen registros. El desempeño quedó muy por debajo del promedio histórico del mes, que supera los tres millones de espectadores.
La tendencia descendente se arrastra desde finales de 2025 y se explica, en parte, por el costo total que implica una salida de este tipo, que incluye entradas, transporte y gastos adicionales. Frente a ello, muchos optan por alternativas que permiten mantener la sociabilidad con menor impacto en el presupuesto.
Una dimensión cultural y emocional
Más allá del factor económico, especialistas destacan que el cambio también tiene una dimensión cultural y emocional. Las salidas funcionan como una vía para despejar la mente, cortar con la rutina y reforzar vínculos, por lo que las propuestas simples resultan más sostenibles en el tiempo.
En este escenario, el ocio se vuelve más cercano y menos estructurado. La vida social no se retrae, sino que se reorganiza alrededor de planes cotidianos, accesibles y compartidos, consolidando una tendencia que podría mantenerse incluso cuando mejore el contexto económico.