El administrador del programa, Howard Hu, encabezó la conferencia de prensa posterior al splashdown, destacando que el camino hacia la superficie lunar permanece abierto gracias a los datos obtenidos en esta expedición. Durante el reingreso a la atmósfera, la cápsula alcanzó velocidades de 39.700 km/h y recorrió un total de 1,13 millones de kilómetros, logrando una precisión asombrosa al descender a solo 1,6 kilómetros del punto previsto. El momento de mayor tensión se vivió durante los seis minutos de silencio radial, que finalizaron cuando Wiseman transmitió a Houston: "Vaya viaje. Estamos estables. Los cuatro estamos bien".
A pesar de la euforia por el regreso de figuras como Christina Koch y el resto del equipo, los especialistas técnicos ya trabajan en el análisis de la nave. Las autoridades confirmaron que se está investigando una fuga en el sistema de control de presión detectada durante el vuelo, además de realizar una inspección exhaustiva del escudo térmico. Este componente había estado bajo la lupa tras los desperfectos registrados en la misión Artemis I, por lo que su rendimiento en esta prueba tripulada es vital para la seguridad de futuras misiones de descenso.
La directora del programa Artemis, Lori Glaze, subrayó que este es apenas el comienzo de una serie de expediciones que buscan establecer una presencia humana sostenible en el satélite natural. Para la funcionaria, ver a la tripulación salir de la cápsula representó la validación de años de trabajo científico y tecnológico. La historia del programa espacial suma así un capítulo de oro, cerrando la brecha de cinco décadas desde las misiones Apolo y preparando el terreno para que, en el corto plazo, la humanidad vuelva a pisar el suelo lunar.