El Gobierno nacional atraviesa una semana clave en la que el presidente Javier Milei y el ministro Luis Caputo asumieron el rol de voceros principales del modelo, desplazando momentáneamente la figura de Manuel Adorni. El mensaje es unívoco: no habrá cambios en el plan económico. "Te reconvertís y te adaptás o quedás afuera", es la lógica que emana desde la Casa Rosada, acompañada de la promesa de que la Argentina será el país con mayor crecimiento en las próximas tres décadas.
Milei ha intensificado su actividad en redes sociales, defendiendo la baja del dólar y del riesgo país como señales inequívocas de que la situación "está más que bien". Por su parte, Caputo busca anclar las expectativas en el corto plazo, asegurando que la inflación comenzará a bajar en mayo. Ambos funcionarios sostienen que los recientes aumentos no representan un rebrote inflacionario, sino un "reacomodamiento de precios relativos" necesario tras años de distorsiones.
Contraste con los indicadores de consumo
Sin embargo, el optimismo oficial convive con datos que reflejan la dureza del escenario social. La inflación minorista mostró un salto del 2,9% al 3,4%, mientras que la mayorista igualó esa cifra (3,4%) tras haber estado en el 1%. Este movimiento impactó de lleno en la canasta básica: mientras los salarios se ajustan a un ritmo del 2% mensual, la carne aumentó un 20% en el primer trimestre, lo que provocó una caída histórica en su consumo.
Además, el mercado laboral muestra transformaciones profundas: ya son 1,1 millones de personas las que trabajan en plataformas de reparto y transporte, reflejando una búsqueda de ingresos extra ante la pérdida del poder adquisitivo. Pese a esto, consultoras privadas detectan una desaceleración en el rubro alimentos en las últimas semanas, lo que permitiría proyectar un índice general cercano al 2,5% para los meses venideros, aunque condicionado por los precios del combustible y el transporte.
El espaldarazo internacional
Frente a las tensiones internas y los conflictos en el Congreso, el Gobierno exhibe el respaldo externo como su principal activo. El secretario del Tesoro de EE. UU., Scott Bessent, calificó el programa como un "éxito fantástico", una declaración que funcionó como música para los oídos del equipo económico.
Este apoyo se materializó en términos financieros:
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FMI: Avance en un acuerdo para un desembolso de 1.000 millones de dólares.
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Banco Mundial: Otorgamiento de una garantía por 2.000 millones de dólares.
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Financiamiento: Caputo confirmó la obtención de fondos para cubrir los vencimientos del año a tasas inferiores a las del mercado internacional, mientras el riesgo país continúa su tendencia descendente, perforando la barrera de los 700 puntos y acercándose a los 500.
Con estas herramientas, el binomio Milei-Caputo apuesta a que la macroeconomía termine de ordenarse antes de que el malestar social por la caída del consumo erosione el capital político del Gobierno, insistiendo en que los próximos 18 meses serán los mejores de la gestión.