En una sociedad marcada por la urgencia y la búsqueda de soluciones mágicas, la terapia Gestalt emerge como una propuesta necesaria para reconectar con la esencia humana. En diálogo exclusivo con la licenciada Daniela Arias Ruiz, se exploraron las bases de este sistema psicológico que pone el foco en el "darse cuenta": la capacidad de tomar conciencia real sobre lo que sentimos, pensamos y hacemos en el presente absoluto.
A diferencia de otras corrientes, la Gestalt adopta una mirada holística, entendiendo al individuo como una unidad integrada por cuerpo, emoción y mente. Uno de sus conceptos centrales es la autorregulación organísmica, definida por Arias Ruiz como la habilidad natural de orientarnos hacia nuestras necesidades reales cuando aprendemos a escucharnos de forma genuina. "Si alguien repite vínculos donde no se siente valorado, no solo miramos su pasado, sino cómo se posiciona hoy para abrir nuevas formas de relacionarse", ejemplificó la profesional.
Dinámica de sesión: el contacto y la retirada
El espacio terapéutico bajo este paradigma se aleja de la pasividad. Se trata de un encuentro activo y vivencial donde el diálogo se centra en lo que emerge en el momento. La salud, según este enfoque, reside en la flexibilidad para moverse entre el "contacto" (con uno mismo y el entorno) y la "retirada" (la capacidad de tomar distancia necesaria).
Ante la creciente demanda de los pacientes por "dejar de sentir dolor de inmediato", la Gestalt propone un camino diferente: respetar los tiempos naturales del proceso. En lugar de intentar eliminar síntomas como la ansiedad de forma mecánica, se busca comprender qué está anticipando el paciente y qué sucede en su cuerpo en ese preciso instante. El pasado no se ignora, pero se trabaja solo en la medida en que sigue afectando el "aquí y ahora".
Mitos y verdades sobre la corriente
La licenciada Arias Ruiz fue tajante al desmentir prejuicios comunes que tildan a esta terapia de ser meramente "emocional" o incluso "light". Por el contrario, posee una base teórica robusta con raíces en la fenomenología y la psicología experimental. "Es un camino muy movilizante porque invita al individuo a hacerse cargo de su propia experiencia", señaló.
En un mundo que presiona por respuestas instantáneas, la propuesta de la Gestalt es detenerse. El objetivo final no es el alivio sintomático superficial, sino una integración plena que permita al sujeto dejar de ser un espectador de sus traumas para convertirse en el protagonista consciente de su realidad actual.