Las declaraciones de Lula se produjeron ayer durante la inauguración de un campus educativo en Sorocaba. En un discurso marcado por la defensa de la estabilidad internacional, el mandatario calificó la situación geopolítica actual como "difícil" y marcó una distancia contundente respecto a la ofensiva conjunta de Estados Unidos e Israel. "El que quiera guerra que vaya para otro lado del planeta. Aquí no tenemos miedo de ser felices", sentenció el jefe de Estado ante una multitud.
Frente a la escalada de violencia en el estrecho de Ormuz, el líder del PT contrapuso el escenario bélico con las prioridades de su gestión doméstica. Para Lula, la inversión en cultura, educación y derechos sociales es el único camino viable, rechazando que Brasil tenga intereses estratégicos en involucrarse en una disputa de tal magnitud. "Nosotros no queremos guerra, queremos paz y el derecho a enamorarse", añadió, reforzando la histórica tradición diplomática de no intervención del país vecino.
Este posicionamiento oficial de Brasil llega en un momento de máxima tensión, donde la comunidad internacional monitorea los movimientos militares en territorio iraní. Con sus palabras, Lula subraya que la estabilidad económica y social de la población brasileña depende de mantenerse al margen de los conflictos dictados por Washington. La postura del Palacio del Planalto busca consolidar a Brasil como un actor que aboga por la negociación diplomática frente a la retórica de amenazas que, según su visión, impera hoy en la Casa Blanca.