Por Dardo Avila
Se suele decir que la ley es igual para todos, pero rara vez se menciona que la realidad no lo es. En el ejercicio del derecho, existe una tensión constante entre la seguridad jurídica (el respeto estricto a la norma escrita) y la justicia material, es decir, el resultado humano y ético de una sentencia.
Aplicar “la fría letra de la ley” de forma mecánica puede ofrecer orden, pero en ocasiones, ese orden se construye sobre la deshumanización. Si la ley no es capaz de mirar a los ojos a las circunstancias particulares, corre el riesgo de convertirse en un instrumento de opresión en lugar de una herramienta de equidad.
En el marco del dilema entre la estricta legalidad y la justicia real, no se debe perder de vista la premisa de que las leyes son instrumentos generales, pero la realidad humana es siempre particular.
Aunque a menudo se usan como sinónimos, la distinción técnica es fundamental para entender ambos conceptos:
· Legalidad: Es lo que se ajusta estrictamente a los preceptos de la norma escrita.
· Justicia: Es un ideal ético y el principio de equidad que busca dar a cada persona lo que realmente le corresponde según sus necesidades y méritos.
Por qué la “fría letra” puede fallar
La aplicación literal de la ley puede derivar en situaciones injustas por varias razones:
· Leyes obsoletas o absurdas: Existen normas que, aunque vigentes, no responden a la moral o contexto actual (como prohibiciones de comportamientos inofensivos que aún persisten en diversas partes del mundo).
· Vacíos normativos: Cuando la ley no prevé casos específicos, una aplicación ciega ignora la humanidad del conflicto.
· El dilema ético: Como señaló Mahatma Gandhi, si una ley es intrínsecamente injusta, la obediencia ciega se convierte en un error.
La equidad como el "antídoto"
Para evitar que el derecho se convierta en una máquina fría, los sistemas judiciales utilizan el principio de equidad:
· Funciona como un criterio auxiliar que permite al juez interpretar la norma para adaptarla al caso concreto, buscando la solución más humana dentro del marco legal.
· La juridicidad va más allá de la ley formal e incluye principios y valores implícitos en todo el sistema de derechos humanos.
Estos más de 30 años transitando los pasillos del Palacio de Tribunales y otros organismos judiciales, sumado al diálogo fluido y enriquecedor que he mantenido con los operadores jurídicos, han abonado mi criterio respecto de que el fin último de un abogado o juez no debe ser simplemente "ganar" o "aplicar códigos", sino usar la ley como una herramienta para alcanzar la justicia, protegiendo la dignidad y los derechos fundamentales de las personas por encima del formalismo.
¿Jueces íntegros o simples burócratas?
Siempre estuve convencido de que un juez debe aplicar criterio y ubicarse en el contexto de la persona que juzga, ya que eso separa a un juez íntegro de un simple burócrata.
Esta perspectiva se alinea con la corriente del realismo jurídico, que sostiene que el derecho no vive en los libros, sino en la vida de la gente.
En ese criterio de contexto es vital considerar tres puntos sobresalientes:
La individualización de la pena: No es lo mismo un hurto cometido por lucro que uno cometido por estado de necesidad (hambre o salud). La ley otorga al juez un margen de arbitrio para que la sanción sea proporcional a la realidad social y económica del procesado.
Perspectiva de vulnerabilidad: Un juez moderno debe aplicar criterios de
Interseccionalidad: Esto significa entender cómo el género, la pobreza o la falta de educación condicionan las decisiones de una persona. La Corte Interamericana de Derechos Humanos enfatiza que juzgar sin contexto es, a menudo, perpetuar una discriminación.
La evolución social: El contexto permite que la ley se adapte a los tiempos. Si los jueces se limitaran a la letra muerta, muchas leyes de hace 50 años seguirían aplicándose de forma anacrónica. El criterio permite una interpretación evolutiva.
Existen precedentes recientes
En Argentina, existen precedentes recientes donde los magistrados han priorizado la realidad del justiciable por sobre el rigorismo formal para evitar sentencias deshumanizadas.
1. Cuota alimentaria con "criterio de inseguridad" (Rosario, 2024)
En un fallo sin precedentes emitido en agosto de 2024, un tribunal de Rosario elevó la cuota alimentaria que un padre debía pagar, incluyendo específicamente los gastos de seguridad.
· La "letra fría": Tradicionalmente, la ley solo considera alimentación, salud y educación.
· El contexto: La justicia dictaminó que, dada la crisis de inseguridad extrema en Rosario, los traslados seguros de los menores (en taxis o remises) son hoy una necesidad básica y no un lujo. El juez se ubicó en el contexto geográfico y social para redefinir qué es "alimento" hoy en día.
2. Identidad y reparación tras abuso sexual (2026)
En un fallo reciente de febrero de 2026, la justicia argentina permitió que las hijas adolescentes de un hombre condenado por abuso sexual dejaran de utilizar su apellido.
· La "letra fría": El nombre y apellido se consideran atributos de la personalidad estables y difíciles de modificar por ley.
El contexto: El juez entendió que obligar a las víctimas a portar el apellido de su agresor constituía una revictimización constante. Aplicó un criterio de salud mental y reparación ética por encima de la estabilidad registral del nombre.
3. Eximición por "estado de necesidad" (casos de hurto famélico)
Aunque son casos que rara vez llegan a las portadas nacionales, la jurisprudencia argentina continúa aplicando el criterio de hurto famélico en contextos de pobreza extrema.
· El contexto: Los jueces analizan si existía un "peligro inminente" para la vida o salud que el acusado no pudo evitar de otra forma. Si el valor de lo sustraído es mínimo y el fin era la subsistencia inmediata, se dicta el sobreseimiento, entendiendo que la ley penal no puede castigar a quien actúa por instinto de supervivencia en un sistema que no le garantiza lo básico.
Como demuestran estos casos, el juez no debe ser un "autómata" que aplica leyes en el vacío. Juzgar con perspectiva de contexto (ya sea de género, de pobreza o de seguridad) es lo que permite que el derecho sea percibido como justicia y no como una simple burocracia punitiva.
Entiendo que el desafío es el equilibrio: el juez debe ser empático sin caer en la arbitrariedad, usando la sana crítica para justificar por qué se aparta de la rigidez formal.