Por José María Cantos
Presidente de la Uisde
Miembro del Consejo Directivo de la UIA
Consumo en caída, impuestos asfixiantes, crédito inaccesible e importaciones que compiten "en desigualdad": reunidos en Tucumán los industriales del Norte Grande, reclamamos una mesa urgente con gobernadores y la UIA, y proponemos desde emergencia industrial hasta alivios fiscales e infraestructura.
Un manifiesto que no pide permiso: exige piso parejo
Hay textos que nacen para quedar prolijos en una carpeta, y hay otros que se escriben con el pulso de quien siente que se le va la vida en cada decisión.
La "Declaración de las Uniones Industriales del NOA y NEA" pertenece a la segunda categoría: no es un comunicado de ocasión, es un manifiesto de supervivencia productiva.
El documento, que hemos elaborado y formado las uniones industriales nucleadas en UNINOR, fue dado a conocer tras una reunión en San Miguel de Tucumán el pasado jueves 19 de febrero del corriente mes.
En ese marco participé en una mesa donde el Norte volvió a decir lo que muchas veces se murmura y pocas se escribe: la Argentina no puede construirse con un mapa donde algunas provincias producen y otras apenas sobreviven.
El texto lo plantea sin vueltas: "El Norte Grande no es una periferia. No es una estadística ni una variable de ajuste."
Esa frase no es adorno literario: es un señalamiento político y económico. Porque cuando una región debe justificarse para existir, ya perdió una parte de la pelea.
Qué está diciendo realmente la declaración
La declaración funciona como una radiografía de problemas conocidos, pero con una diferencia clave: los ordena, los conecta y los convierte en una agenda de decisiones concretas.
1) Consumo en caída y producción sin aire
El primer golpe es el más simple y el más brutal: si no hay consumo, la rueda se frena. Hablamos de "caída sostenida del consumo interno", y lo traducimos a la vida real de cualquier fábrica: menos pedidos, más stock, menos turnos, menos empleo.
2) Impuestos en todos los niveles y un Estado que cobra antes de mirar
La presión tributaria aparece como una pared. El manifiesto no separa Nación, provincias y municipios: hablamos de "todos los niveles del Estado".
No es casual. El Norte suele convivir con costos logísticos mayores, mercados más chicos y márgenes más finos. Cuando a eso se le suma una carga fiscal sin coordinación, el resultado es previsible: la formalidad se vuelve un castigo y la inversión, una apuesta temeraria.
3) Financiamiento productivo ausente y tasas que expulsan
La declaración pone el dedo en otra herida: sin crédito accesible, no hay modernización ni capital de trabajo. Y si el crédito existe pero llega con tasas "altas", deja de ser herramienta y se vuelve trampa.
4) Importaciones "desleales": el punto más sensible
Hablamos de "competencia desleal" por importaciones que ingresan en condiciones "inequitativas", incluso por "circuitos informales" o por provenir de países con "fuertes subsidios".
Aquí hay una tensión central: no se trata solo de estar a favor o en contra de importar; el manifiesto discute la cancha. Si un producto llega con subsidios afuera, con informalidad adentro o con reglas que no se cumplen, el industrial del Norte no compite: resiste.
Cuando una industria cierra, no se pierde solo una máquina
A través del manifiesto explicamos el impacto social: "Cuando una industria cierra en el Norte, no se pierde únicamente una línea de producción: se pierde arraigo…"
Esa palabra —arraigo— es la clave de lectura. Porque en muchas localidades del Norte una fábrica no es "una empresa": es el organizador silencioso del ecosistema. Sostiene proveedores, transportistas, comercios, escuelas técnicas, oficios. Sostiene, sobre todo, la idea de que un joven puede proyectar futuro sin tener que irse.
Por eso el texto advierte que el cierre industrial "debilita el tejido social".
No es metáfora: es una descripción de lo que pasa cuando el trabajo formal retrocede y crecen la precariedad, la informalidad y el desaliento.
Desarrollo social y densidad industrial: el vínculo que muchos prefieren ignorar
Hay un tramo especialmente potente porque discute una confusión instalada: creer que lo social se resuelve solo con asistencia. A través del manifiesto lo decimos con claridad: las provincias con más necesidades básicas insatisfechas son también las de menor densidad industrial.
El documento no niega la urgencia: la completa. No discute el plato de hoy: discute quién pone la mesa mañana.
¿A quién le hablamos?: gobernadores y la UIA, con nombre y apellido institucional
La declaración no se dirige a "las autoridades" en abstracto. Hablamos explícitamente a los gobernadores de las diez provincias firmantes y al presidente de la Unión Industrial Argentina.
Esa decisión es estratégica: intenta evitar que el Norte quede, una vez más, atrapado en el ping-pong de responsabilidades. La idea de una "agenda común" busca algo básico: que haya coordinación. Que no se discuta cada crisis como si fuera un hecho aislado. Que no se administre el declive como si fuera lo natural.
Qué proponemos: una mesa regional y un paquete de medidas (no slogans)
El documento no se queda en el diagnóstico. Pide acciones y enumera herramientas concretas:
- Crear una mesa de trabajo regional para abordar la crisis industrial.
- Evaluar la declaración de emergencia industrial para el Norte Grande.
- Implementar herramientas para ordenar el ingreso de importados que compiten en desigualdad.
- Definir precios de referencia en sectores estratégicos.
- Coordinar alivios impositivos entre Nación, provincias y municipios.
- Garantizar financiamiento productivo.
- Ejecutar un plan de infraestructura para mejorar competitividad.
No pedimos privilegios. Pedimos condiciones justas.
Ese es el corazón político del manifiesto. Porque el Norte sabe cómo lo miran desde el centro: como gasto, como distancia, como problema logístico. Y responde: No somos periferia, somos producción.
El Norte no pide aplausos, pide decisiones
El manifiesto termina con una advertencia que, leída sin maquillaje, es una cuenta regresiva: si la política sigue administrando diagnósticos, el Norte va a administrar cierres.
Defender la industria del Norte es defender trabajo, arraigo y federalismo.
Pero esa frase no debe quedar como consigna. Porque el federalismo no se declama: se mide en camiones, en tasas, en impuestos coordinados, en crédito posible, en rutas, en energía, en reglas de comercio que no premien al que incumple.
Y hay algo más: cuando el Norte pierde industria, no pierde solo el Norte.
Pierde la Argentina entera, porque se acostumbra a un país desequilibrado, con regiones condenadas a "arreglarse como puedan" y un centro que cree que siempre habrá otra provincia para ajustar.
Por eso este documento no es una queja: es una línea en el piso. Y el desafío no es leerlo. El desafío es responderlo con hechos.
Porque, como sentencia el manifiesto, el tiempo de los diagnósticos ya pasó.