Edgar Efraín Fuentes, conocido artísticamente como Gary, fue y es uno de los grandes íconos de la música cuartetera y una de las mejores voces que el género brindó a lo largo de su historia. Referente indiscutido de Córdoba, su legado musical continúa vigente en el corazón del pueblo cuartetero.
Nacido en el Valle de Calamuchita, en la localidad de Amboy, Gary comenzó su camino artístico desde muy pequeño en el folklore, integrando el grupo Los Felinos. A comienzos de la década del ’80 llegó a la ciudad de Córdoba, donde dio un paso clave en su carrera al incorporarse a la orquesta de Heraldo Bosio, con quien recorrió escenarios y bailes de toda la provincia, incluso presentándose en su pueblo natal.

El gran salto llegó con su ingreso a Trulalá, de la mano de Manolito Cánovas, donde fue voz principal durante cinco años. En ese período compartió escenario con figuras como el Negro José, Marito y Javier “Pepa” Brizuela, dejando una huella imborrable. Su voz quedó asociada a inolvidables éxitos como “Mi libertad… no”, “Con la música en la sangre”, “Si no voy al baile me muero”, “En aquel rincón”, “La flauta de Bartolo”, “Elizabet” y “Te quiero tanto”, entre tantos otros.

Más tarde inició su camino como solista, adoptando definitivamente el nombre Gary, el mismo que lo inmortalizaría en los escenarios del país. Su debut solista se produjo en 1990 en Atenas de Córdoba, y en 1991 alcanzó una enorme popularidad con canciones que aún hoy suenan en las radios argentinas, como “Detrás de la luna”, una balada que mostró un estilo distinto dentro del cuarteto.
Ya consagrado, Gary adaptó clásicos a su repertorio y grabó temas que se volvieron emblemas, como “El juguete”, “Mía”, “Linda Belinda”, “Pequeña y frágil”, “Dalila” y “Qué es el amor”. Su éxito lo llevó incluso a presentarse en el exterior, incluyendo escenarios de Estados Unidos.

En 2001, a los 39 años, una muerte súbita producto de problemas de salud apagó su voz, pero no su legado. A más de dos décadas de su partida, Gary sigue siendo eterno: en sus canciones, en la memoria popular y en cada baile donde su voz vuelve a emocionar como el primer día.