En los estudios de “La Radio de los Santiagueños”, y con la crisis nacional a la vista, el gobernador habló como quien sabe perfectamente que la economía no se discute en abstracto: se discute en la mesa, en el bolsillo y en la posibilidad —o no— de sostener la vida cotidiana. En LV11, Elías Suárez eligió instalar una idea de gobierno con frase corta y carga larga: estar “al lado de la gente”.
“Me siento como en casa”, dijo al comenzar, y enseguida marcó su norte de gestión: “La política tiene que estar al lado de la gente, no la puede abandonar”. No fue una declaración suelta: fue el marco de anuncios que, por montos y por destinatarios, busca apuntalar una palabra que en tiempos de motosierra vuelve a ser programática: dignidad.
La asistencia social como termómetro de urgencia
La primera señal fue directa a los sectores más golpeados. En la entrevista anunció la suba de los planes de emergencia social: estaban en $70.000 y pasan a $100.000. Y, en paralelo, la Tarjeta Social se eleva a $74.000.
Hubo una explicación que justificó la arquitectura de esos números: que guardan relación con los incrementos del sector público “teniendo en cuenta el índice de inflación”. En otras palabras: si el salario corre, la contención social no puede quedarse quieta.
Pauta 2026: 42,4% al básico y piso garantizado
El tramo más sensible de la charla fue el salarial. Suárez confirmó que la pauta 2026 incluye un aumento del 42,4% al básico para administración pública y docentes, y una garantía piso de $1.130.000 para los ingresos mínimos.
El dato clave —y el argumento— fue la comparación con la inflación interanual: 32,4% según el INDEC, y una decisión política de ir “10 puntos por encima” para que el poder de compra no sea una hoja a la intemperie.
En esa mesa de diálogo, contó el gobernador, los sindicatos pusieron un objetivo que es, en realidad, el núcleo de cualquier política salarial realista: “que el poder adquisitivo de los trabajadores no se vea deteriorado”.
Bonos: continuidad y fecha concreta
En el esquema de complementos, Suárez ratificó la continuidad del sistema de bonos. El más inmediato: Bono preinicio de clases de $250.000, con pago desde el viernes 20 de febrero.
También anunció y confirmó los bonos del Bono Día del Trabajador, Bono aguinaldo (en dos cuotas) y Bono fin de año (en tres cuotas).
Los bonos prorrateados en doce meses, según los importes otorgados durante 2025 (que no son los de este año), representan 318.333 pesos mensuales más para las familias de los trabajadores.
Ayuda escolar y contratos: la letra chica que completa el cuadro
Elías Suárez anunció además un paquete complementario que empuja en la misma dirección:
Ayuda escolar: incremento por hijo, $280.000 (antes $180.000, suba 55%), disponible desde el 10 de marzo.
Contratos de locación: actualización a $910.000 para no profesionales y $1.010.000 para profesionales.
No es menor: en años donde el salario “se discute” todos los meses, estas partidas funcionan como puentes para que el calendario no se convierta en un enemigo.
Educación: prioridad al que no tiene y concursos para conducir
El gobernador eligió un concepto fuerte —casi de titular— para hablar de escuela: cambiar el “paradigma”. Dijo que en 2026 se priorizará a docentes sin trabajo y también a quienes residan en la localidad donde se necesita cubrir el cargo.
La cita exacta fue: “Hay docentes que tienen dos, tres o cuatro cargos… ahora vamos a priorizar al docente que no tiene trabajo”. Y completó con una definición estructural: los cargos directivos se definirán por concurso de antecedentes y oposición.
En infraestructura educativa, la entrevista puso números: 40 obras escolares en marcha con fondos provinciales y 9 “en proceso de licitación”.
La presencia del Estado en la materia se extiende también a conectividad en 2.089 establecimientos, raciones nutricionales y continuidad del plan “1.700 días”.
Respuesta al ajuste nacional: viviendas, salud y el límite de lo tolerable
El gobernador incluyó un capítulo inevitable: qué hace la provincia cuando Nación se retira. Allí Suárez explicitó la decisión de intervenir directamente:
Viviendas: La provincia se hizo cargo de 3.570 casas paralizadas para evitar deterioro y sostener más de 4.000 puestos de trabajo en construcción.
Salud de alta complejidad: “Nos hicimos cargo de los enfermos que no reciben el tratamiento… no podemos abandonar a ese ciudadano”, afirmó.
Ese párrafo, dicho en voz alta, no es administrativo: es moral. En tiempos de recortes, la salud deja de ser un rubro y vuelve a ser lo que siempre fue: un límite humano.
Jóvenes, clima y producción: estructura para aguantar la tormenta
Hubo, además, un recorrido por el resto del mapa. En empleo joven, destacó “Santiago crece con vos”: 57 capacitaciones y cupos agotados en 40 minutos en grandes ciudades.
Sobre lluvias y ríos, sostuvo que hay poblaciones aisladas pero sin evacuados, con asistencia en territorio.
En salud, mencionó una nueva ala del CEPSI de más de 7.000 m², y obras hospitalarias en el interior.
Y en producción, anunció la reactivación de 12 agencias territoriales, compra de maquinaria y uso de drones para mejorar rindes, con un llamado a industrializar la materia prima en la provincia.
Las obras como prueba material
Los números no terminan en el discurso. En las acciones de gestión aparecen dos bloques que aterrizan la idea de “Estado presente” en concreto:
Obras de Arquitectura 2026 (educación): 49 obras (40 en ejecución + 9 para comenzar).
Obras de Agua (MOP) – Febrero 2026: 13 obras (7 en ejecución + 6 para comenzar).
No son promesas: son listados con localidades, departamentos y descripción de intervención. Y en un país donde el ajuste suele traducirse en ausencia, la obra pública —bien administrada— es también una forma de estabilidad.
La motosierra puede recortar partidas, pero no debería recortar humanidad. La crónica de LV11 deja una conclusión incómoda y necesaria: en un contexto nacional de crisis, la estabilidad del trabajador estatal no es un privilegio, es un resguardo social; y la asistencia, la salud, la escuela y la obra pública no son consignas —son la frontera que separa la intemperie de la dignidad. Un Estado presente no es el que gasta por reflejo: es el que prevé, el que protege, el que entiende que detrás de cada número hay una vida. Y cuando eso se asume con decisiones concretas, la política deja de declamar y empieza, por fin, a hacerse cargo.