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Darín arrasa en Netflix con esta comedia romántica de 136 minutos

05/02/2026

El actor la rompe toda en este filme que se convirtió en uno de los fenómenos cinematográficos del año al abordar un tema tan universal como poco explorado: la crisis de las parejas después de 25 años de matrimonio.

En 2018, cuando el cine argentino buscaba historias capaces de conectar con el gran público sin perder profundidad, llegó una película que, sin estridencias ni golpes bajos, logró instalar una conversación incómoda pero necesaria. “El amor menos pensado”, protagonizada por Ricardo Darín y Mercedes Morán, se convirtió en uno de los fenómenos cinematográficos del año al abordar un tema tan universal como poco explorado: la crisis de las parejas después de 25 años de matrimonio.

Dirigida por Juan Vera, la película no recurre a traiciones explosivas ni a conflictos extremos. Por el contrario, pone el foco en algo más cotidiano y, tal vez por eso, más perturbador: el desgaste emocional, la rutina y el desconcierto que sobreviene cuando los hijos se van de casa y la pareja queda frente a frente, sin distracciones.

Una separación sin escándalos

Marcos (Ricardo Darín) y Ana (Mercedes Morán) parecen, a simple vista, una pareja estable. Profesionales, económicamente acomodados, padres de un hijo que parte a estudiar al exterior. Pero el famoso “nido vacío” funciona como catalizador de una pregunta incómoda: ¿qué queda cuando ya no queda nada que organizar, criar o sostener juntos?

La película inicia con una decisión inesperada pero serena: separarse. Sin gritos. Sin escenas melodramáticas. Sin un tercero en discordia. Una ruptura acordada desde la racionalidad, aunque no exenta de dolor.

Ese punto de partida es, quizás, uno de los mayores aciertos del film. En lugar de construir el conflicto sobre la infidelidad o el engaño, Vera apuesta por un terreno más sutil: la distancia emocional que se instala sin que nadie pueda señalar con exactitud cuándo comenzó.

Darín y Morán: química, matices y verdad

Si hay algo que sostiene la película de principio a fin es la actuación de sus protagonistas. Ricardo Darín compone a un hombre que oscila entre la autosuficiencia y el desconcierto, entre el entusiasmo por la soltería recuperada y el vacío que aparece cuando el entusiasmo se diluye.

Por su parte, Mercedes Morán ofrece una interpretación sensible y profunda, con momentos de humor y otros de una melancolía contenida que resulta especialmente creíble. Su personaje no busca venganza ni revancha: busca entenderse.

La química entre ambos actores es evidente, pero no desde el romanticismo clásico, sino desde algo más complejo: la intimidad construida durante décadas, esa que sobrevive incluso cuando el amor parece haberse transformado.

La soltería después de los 50: libertad o espejismo

Uno de los ejes centrales del relato es la exploración del mundo de las citas en la madurez. Aplicaciones, encuentros casuales, relaciones fugaces. Lo que en un comienzo se presenta como una oportunidad de redescubrimiento pronto revela sus límites.

Marcos experimenta un entusiasmo casi adolescente ante la posibilidad de nuevas conquistas. Ana, en cambio, transita un proceso más introspectivo. Ambos descubren que la libertad puede ser estimulante, pero también profundamente solitaria.

En ese recorrido, la película evita caer en la caricatura. No ridiculiza la sexualidad en la madurez ni la convierte en tabú. Por el contrario, la muestra como parte de una búsqueda legítima: volver a sentirse deseado, volver a sentirse vivo.

Una historia que dialoga con miles de parejas

“El amor menos pensado” logró algo que no siempre ocurre con el cine argentino contemporáneo: trascender el circuito cinéfilo y convertirse en tema de conversación masiva. En salas, redes sociales y sobremesas, la pregunta era la misma: ¿es posible reinventar una pareja después de tantos años?

La película se estrenó con gran expectativa y rápidamente encabezó la taquilla nacional. El boca en boca fue clave. No había grandes efectos ni escenas espectaculares; había identificación. Y eso resultó suficiente.

El guion, escrito por Juan Vera y Daniel Cúparo, apuesta por diálogos ágiles, con momentos de humor que alivian la densidad emocional. El tono oscila entre la comedia romántica y el drama íntimo, sin caer del todo en ninguno de los dos extremos.

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