Un emblema de la infancia de los años 80 y 90 se despide de las góndolas argentinas. La Justicia decretó la quiebra de Alimentos Refrigerados Sociedad Anónima (ARSA) , la empresa que fabricaba los recordados postres y yogures de la marca SanCor, entre ellos Shimmy, Sancorito, Sublime, Yogs y Flan Casero .
La resolución fue dictada por el Juzgado Comercial N°29, a cargo del juez Federico Güerri, y ordena la liquidación final de la compañía . Esto implica el cierre definitivo de sus dos plantas ubicadas en Arenaza (provincia de Buenos Aires) y Monte Cristo (Córdoba), dejando sin trabajo a aproximadamente 400 empleados .
El fin de un concurso fallido
La quiebra se produce tras el fracaso del concurso preventivo que la firma había iniciado en abril de 2024 en un intento por sanear sus deudas . La situación de la empresa ya era crítica desde 2023, con suspensiones rotativas, atrasos en el pago de salarios y una creciente acumulación de deudas con proveedores y transportistas .
Según trascendió, ARSA arrastraba una fuerte crisis financiera agravada por el contexto macroeconómico: caída del consumo interno, aumento de los costos de producción, encarecimiento de la leche cruda, inflación y desequilibrios financieros acumulados en la cadena de pagos .
Una historia de vaivenes empresariales
La empresa fue creada en 2016 para adquirir la división de productos refrigerados de SanCor Cooperativas Unidas Ltda., en una operación cercana a los 100 millones de dólares liderada por un holding vinculado al Grupo Vicentin . En 2019, inversores ligados al mismo grupo y al fondo BAF Capital tomaron el control con la promesa de modernizar la producción, etapa que nunca se consolidó .
Hace aproximadamente dos años y medio, la gestión pasó a manos de la venezolana Maralac S.A. , vinculada a los hermanos Fernández —reconocidos por su participación en La Suipachense—, pero la crisis financiera se profundizó hasta llegar al colapso actual .
Impacto en las comunidades productivas
La noticia impacta de lleno en dos comunidades con fuerte tradición láctea. En la planta de Arenaza (Lincoln) trabajaban alrededor de 180 operarios, mientras que en la fábrica de Monte Cristo (Córdoba) la dotación alcanzaba casi los 200 empleados . Muchos de ellos acumulaban más de dos décadas de antigüedad, algunos desde la época en que las marcas operaban directamente bajo el paraguas de SanCor .
"Nos avisaron que no había posibilidad de seguir" , relató uno de los empleados afectados al diario El Día de La Plata . La empresa abastecía a 70.000 comercios cada semana a través de 165 distribuidores en todo el país .
Un sector en estado de alerta
El cierre de ARSA no es un hecho aislado, sino un reflejo de la delicada situación que atraviesa la industria láctea argentina. El conflicto se suma a la crítica realidad de Lácteos Verónica, cuyos trabajadores se manifestaron recientemente en la localidad santafesina de Lehmann ante el riesgo inminente de perder otros 700 puestos laborales .
Con la desaparición de ARSA, las góndolas de todo el país pierden nombres propios de la historia del consumo masivo argentino, mientras que casi 400 familias enfrentan un futuro incierto en un contexto económico cada vez más hostil.