El acoso escolar, conocido popularmente como bullying, sigue siendo una de las mayores preocupaciones en los consultorios de psicología infantil y juvenil. En diálogo con el programa "De mañana y sin apuro", la licenciada Rosario Sanguedolce profundizó sobre este fenómeno en Radio LV11, definiéndolo como un acoso sistemático donde impera un abuso de poder y una marcada discriminación hacia aquel que es percibido como "diferente".
Uno de los puntos clave de la charla fue la distinción entre el humor saludable y la agresión. "En el chiste nos reímos todos; en la burla, no", sentenció la profesional. Sanguedolce explicó que mientras el chiste es inclusivo, la burla busca atacar la subjetividad del otro, generando una angustia profunda que hoy, afortunadamente, es más visible para la sociedad que en décadas pasadas.
¿Cómo detectar las señales de alerta?
Para los padres, la identificación del problema no siempre es sencilla, especialmente en la adolescencia. La licenciada recomendó observar cambios en la conducta habitual:
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Estado de ánimo al regresar de clases: Pasar de la alegría al mal humor o la tristeza repentina.
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Aislamiento: El deseo de encerrarse en la habitación y evitar el contacto familiar.
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Vínculos sociales: La falta de un grupo de pertenencia o amigos de referencia.
"Es fundamental posicionarse como un referente de contención y autoridad. El adolescente debe saber que el adulto lo va a ayudar y no va a intentar cambiarlo", subrayó la psicóloga sobre la importancia de construir un vínculo de confianza previo.
El rol de la escuela y la sociedad
Ante situaciones de violencia física o psicológica dentro del ámbito escolar, como los recientes videos viralizados de agresiones en aulas, la profesional fue tajante: la intervención debe ser institucional. Son los directivos y el cuerpo docente quienes deben tomar cartas en el asunto para frenar el hostigamiento, mientras que los padres deben acompañar con ayuda profesional si detectan que el daño psíquico persiste.
Sanguedolce concluyó que el bullying no es una problemática individual, sino un desafío educativo y social. "La idea es tener en cuenta que ser objeto de burla da angustia y hay que replantearse la situación como sociedad", finalizó, instando a las instituciones a visibilizar el problema en lugar de naturalizarlo.