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El calvario de Agostina Páez en Brasil: "Vivo en una paranoia constante"

21/03/2026

A dos meses de quedar retenida en Río de Janeiro, la abogada santiagueña Agostina Páez rompió el silencio. Con tobillera electrónica y bajo amenaza de una condena efectiva, definió su situación como un "calvario" marcado por el miedo y el arrepentimiento.

Agostina Páez aguarda la audiencia del 24 de marzo en la que se definirá su futuro procesal bajo la estricta legislación brasileña.

La vida de Agostina Páez dio un vuelco irreversible el pasado 14 de enero en un bar de Río de Janeiro. Lo que comenzó como una discusión por una cuenta mal cobrada derivó en un gesto discriminatorio que se viralizó, activando la severa ley de injuria racial de Brasil. Hoy, la profesional santiagueña permanece confinada en un departamento alquilado, con prohibición de salida del país y una presión social que la obliga a vivir en la clandestinidad urbana.

"He reaccionado mal y estoy muy arrepentida", confesó Páez en una reciente entrevista, donde detalló las condiciones de su encierro de facto. La joven relató que solo sale para realizar compras esenciales, cubriéndose el rostro y evitando hablar para que su acento no la delate. Según su testimonio, el temor a sufrir agresiones físicas por parte de ciudadanos brasileños la mantiene en un estado de alerta permanente, dependiendo económicamente de su familia al estar inhabilitada para trabajar.

El frente judicial: 15 años en el horizonte

La situación procesal de la abogada es crítica. El próximo martes 24 de marzo se llevará a cabo una audiencia de instrucción que definirá si la causa se eleva a juicio. La fiscalía ha unificado tres denuncias por injuria racial en un "concurso material", lo que podría elevar la pena máxima a 15 años de prisión. Si la sentencia supera los cuatro años, la condena será de cumplimiento efectivo en un establecimiento penitenciario brasileño.

La defensa de Páez, a cargo de abogados locales, no busca la impunidad inmediata, sino la revocación de las medidas cautelares. El objetivo primordial es que la santiagueña pueda regresar a Argentina y responder al proceso desde su país natal, alegando que su integridad física corre peligro en territorio brasileño. "No soy una persona racista, fue una reacción horrible de la que me arrepiento un montón", sostuvo la imputada.

Discusión, video y consecuencias

El incidente se originó, según Páez, tras una burla de los empleados del local y un gesto obsceno por parte de uno de ellos. La reacción de la argentina —imitar los movimientos de un mono— fue capturada en video y se convirtió en la prueba principal del caso. En Brasil, la injuria racial es un delito equiparable al racismo, imprescriptible y con penas endurecidas recientemente para combatir la discriminación estructural en el país vecino.

Mientras espera la fecha clave del 24 de marzo, Agostina asegura haber iniciado un proceso de introspección sobre el racismo y el contexto histórico de Brasil. Sin embargo, admite que ha perdido gran parte de sus esperanzas y que su única expectativa es que la justicia le permita aguardar el veredicto en libertad o, al menos, bajo la protección de las leyes de su propio país.

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