El próximo lunes 16 de marzo se cumplirán 58 años de uno de los mayores hitos del deporte de la provincia: el título obtenido por la selección de Santiago del Estero en el Campeonato Argentino de Básquet 1968.
Aquella histórica consagración se produjo el 16 de marzo de 1968, cuando el combinado santiagueño derrotó en una final inolvidable a Buenos Aires por 76 a 75, en un encuentro disputado en el Estadio Francisco de Aguirre, escenario especialmente montado en la costanera para albergar el torneo.
El equipo, dirigido por Casimiro González Trilla, protagonizó una campaña inolvidable y se coronó de manera invicta, tras imponerse en todos sus compromisos del certamen.
Un final para la historia
El partido decisivo fue dramático hasta el último segundo. A falta de 22 segundos para el final, el santiagueño José Torres falló dos tiros libres, pero tras capturar el rebote, Roberto Carrera convirtió el doble que le dio el triunfo y el campeonato a Santiago del Estero.
El rival era nada menos que el poderoso seleccionado de Buenos Aires, que contaba con figuras destacadas del básquet argentino como Alberto Cabrera, Atilio Fruet y Ricardo De Lizaso.
El plantel campeón
El equipo que quedó en la historia del deporte santiagueño estuvo integrado por Ramón Jorge, Fernando Najarro, Esteban Demasi, Roberto Carrera, Alfredo Tulli, Carlos “Inqui” Ríos, Gustavo Chazarreta, Benjamín Arce, José Flores, José “Quebracho” Torres, Roberto Villalba y Horacio Goytía.
El cuerpo técnico fue encabezado por Casimiro González Trilla, con la colaboración de “Paco” Barrientos, Luis Chipolina, Ricardo Gerez y Alberto Paradelo.
Una campaña inolvidable
El seleccionado santiagueño llegó al torneo con una preparación impecable: ganó 14 partidos amistosos previos y los 8 encuentros del campeonato, logrando una campaña perfecta que quedó grabada en la memoria del básquet argentino.
A más de medio siglo de aquel logro, la consagración de 1968 sigue siendo uno de los momentos más importantes en la historia del deporte de Santiago del Estero, un título que marcó para siempre al básquet provincial y a toda una generación de jugadores.