El 19 de febrero de 1980, el mundo de la música recibió una noticia que sacudió al rock internacional: Bon Scott, cantante y figura central de AC/DC, murió en Londres a causa de una broncoaspiración tras una fuerte ingesta de alcohol. Tenía apenas 33 años y estaba en pleno auge creativo con la banda.
Nacido como Ronald Belford Scott el 9 de julio de 1946 en Forfar, Escocia, emigró junto a su familia a Australia durante su infancia. Su personalidad rebelde y su inclinación por la música lo llevaron a integrar distintas bandas locales antes de alcanzar la fama. Fue en 1974 cuando se sumó a AC/DC, grupo fundado por los hermanos Angus y Malcolm Young, iniciando una etapa que sería determinante para la consolidación del hard rock.
Ese mismo año vio la luz High Voltage, el álbum debut que comenzó a construir el sonido potente y directo que caracterizaría al grupo. Con Scott al frente, la banda lanzó discos emblemáticos como “Let There Be Rock” y “Highway to Hell”, este último convertido en un clásico absoluto del género.
Dueño de una voz áspera y una presencia escénica magnética, Bon Scott imprimió a AC/DC una identidad marcada por letras provocadoras, historias de excesos y una actitud desafiante que conectó con millones de fanáticos en todo el mundo.
Al momento de su fallecimiento, el grupo trabajaba en nuevas canciones que más tarde integrarían Back in Black. Tras la tragedia, el británico Brian Johnson asumió como nuevo vocalista y el disco fue lanzado como homenaje a Scott. El álbum se transformó en un éxito histórico y es el segundo más vendido de todos los tiempos, solo superado por Thriller, de Michael Jackson.
A más de cuatro décadas de su muerte, Bon Scott continúa siendo una figura icónica del rock. Su legado permanece vivo en cada riff y en cada estrofa que ayudó a convertir a AC/DC en una de las bandas más influyentes de la historia.