El VAR, un sistema que llegó al fútbol mundial con la premisa de ayudar a mejorar las decisiones arbitrales, es eje de permanentes debates. Algo de esto ocurrió en el reciente Congreso Anual de Árbitros que la UEFA celebró en Bruselas. Allí, el jefe del arbitraje europeo, Roberto Rosetti, lanzó un mensaje directo que ya impacta en el debate internacional: el VAR no puede transformarse en una herramienta de intervención permanente sobre cada detalle del juego.
"No podemos ir en la dirección de intervenciones microscópicas del VAR. Nos gusta el fútbol tal y como es", afirmó Rosetti ante los colegiados del Viejo Continente, en una frase que sintetiza la preocupación actual dentro de UEFA.
El debate de fondo: tecnología sí, hiperintervención no
El dirigente italiano defendió el sistema de videoarbitraje, pero marcó con claridad su función original: "El VAR existe para hacer el juego más justo… especialmente cuando son acciones claras", recordó.
El punto es técnico y conceptual. El VAR fue concebido para corregir errores claros y manifiestos en situaciones determinantes: goles, penales evidentes, tarjetas rojas directas y errores de identidad. No para reinterpretar cada roce, cada contacto mínimo o cada milímetro detectado en cámara lenta.
En distintas competiciones europeas e internacionales, las revisiones prolongadas y los análisis extremadamente detallados han generado cuestionamientos por la pérdida de fluidez y la ruptura del ritmo natural del partido. Rosetti recogió ese malestar y lo transformó en una advertencia institucional.
Uniformidad interpretativa
Otro de los ejes centrales del congreso fue la necesidad de uniformidad interpretativa. Sobre esto, Rosetti fue categórico: "No puede haber diferentes lenguajes técnicos por Europa. No es bueno, sobre todo porque hay equipos que juegan en competiciones europeas. Uniformidad e interpretaciones consistentes: estamos trabajando en ello".
El mensaje apunta a evitar disparidades entre ligas nacionales y torneos UEFA. La coherencia en los criterios es vista como condición indispensable para sostener la credibilidad del arbitraje.