El hecho sucedió en un contexto de extrema precariedad climática, con calles transformadas en canales debido a las intensas lluvias. Según el relato de los testigos presenciales, el grupo de niños jugaba en el agua acumulada sin advertir el riesgo eléctrico de la zona. En un movimiento accidental, el menor resbaló y, al intentar estabilizarse, se sujetó de una columna de alumbrado público que se encontraba electrificada.
Vecinos del barrio manifestaron su indignación y dolor ante el desenlace, asegurando que el poste ya había dado señales de mal funcionamiento previamente. "Varios vecinos lo habían tocado y sentían corriente", explicó un testigo que presenció el momento exacto de la descarga. La impotencia de los presentes marcó la jornada, ya que la intensidad de la electricidad impidió cualquier intento de maniobra de rescate inmediata para salvar al pequeño.
La justicia tucumana inició una investigación exhaustiva para determinar las responsabilidades técnicas y el estado de mantenimiento de la red de alumbrado en el sector. Mientras tanto, la comunidad barrial despide con profunda tristeza a Lisandro, recordándolo como un niño alegre que solía compartir sus tardes de juego en las calles de la zona.