La escalada bélica entre Estados Unidos e Israel contra Irán ha generado un impacto inmediato en los mercados energéticos globales, provocando un aumento drástico en los precios minoristas de los combustibles. Durante la última semana, la gasolina y el diésel en territorio estadounidense registraron subas superiores al 10%, acompañando la vertiginosa carrera del petróleo, que ya perforó la barrera de los u$s 90 por barril.
De acuerdo con los datos de la Asociación Estadounidense del Automóvil (AAA), el precio promedio nacional de la gasolina regular alcanzó los u$s 3,32 por galón, lo que representa un salto del 11% en apenas siete días. La situación es aún más crítica para el transporte de carga: el diésel trepó a u$s 4,33 por galón, su valor más elevado desde finales de 2023. Este encarecimiento de la energía se convierte en un "efecto bumerán" para la administración de Donald Trump, quien había basado parte de su campaña en la promesa de reducir los costos energéticos.
En el mercado de materias primas, el crudo europeo Brent cerró la semana con un avance del 8,9%, situándose en los u$s 93,04. En el acumulado de los últimos siete días, el petróleo voló un 28,4%, alcanzando máximos que no se veían desde septiembre de 2023. Esta volatilidad responde al temor de los inversores de que el conflicto interrumpa las rutas de exportación en el Golfo Pérsico, sumado a un dato de empleo en EE. UU. peor a lo esperado que profundizó el pesimismo en Wall Street.
Este escenario plantea un duro desafío político para el Partido Republicano de cara a las elecciones legislativas de mitad de mandato en noviembre. Aunque Estados Unidos es el principal productor mundial de crudo, su condición de mayor consumidor global lo mantiene vulnerable a los vaivenes geopolíticos. Mientras las tensiones en Teherán no den tregua, la presión sobre los bolsillos de los consumidores estadounidenses promete seguir tensando la cuerda de la aprobación presidencial.