La irrupción de la música electrónica en el corazón de la liturgia moderna no es un hecho fortuito. Para el Padre Hugo Sánchez, la figura del "Cura DJ" portugués representa una síntesis necesaria entre la tradición milenaria y los nuevos lenguajes de la juventud. Según Sánchez, esta propuesta no es una ruptura con el pasado, sino una "continuidad creativa".
La filosofía de la "Fiesta Cuidada"
Citando al filósofo alemán Hans-Georg Gadamer, el Padre Hugo explicó que el arte tiene una naturaleza festiva que involucra a la persona en su totalidad. "En la música está la mente, el cuerpo y el corazón; está el hombre entero participando", señaló. Bajo esta premisa, defendió la idea de recuperar el concepto de fiesta frente a la deshumanización: "No se trata de esa electrónica donde uno está solo, sino de una electrónica en la cual nos compartimos, nos cuidamos y hacemos que el otro sea mejor para tener algo más bonito".
La ecualización del alma: El DJ como mediador
Una de las metáforas más potentes de la entrevista fue la comparación de la mesa de mezclas con la labor pastoral. Para Sánchez, el DJ tiene la capacidad técnica —y espiritual— de armonizar lo que parece opuesto:
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Unir diferencias: "El DJ mezcla y une, hace que lo distinto suene en una armonía preciosa".
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Controlar los decibeles sociales: "El Padre Guilherme ha encontrado el modo de bajar el volumen a algunas cosas, como el odio que nos divide, y potenciar la alegría y el servicio".
Raíces bíblicas de un ritmo moderno
Ante quienes cuestionan la ortodoxia de este método, el Padre Hugo recordó que la música ha sido el lenguaje primigenio de la fe. "Si miramos la Biblia, lo primero que se escribió fueron los Salmos, que son canciones y coros", argumentó, trazando un hilo conductor desde el Antiguo Testamento hasta los sintetizadores actuales.
Finalmente, el sacerdote santiagueño destacó el simbolismo de la noche en las presentaciones de Peixoto. En un contexto de incertidumbre para muchos jóvenes, la música electrónica se convierte en una herramienta para "dar luz en la oscuridad", ofreciendo un espacio de contención que no busca juzgar, sino acompañar a través del gozo compartido. "Lo que Dios le dio como don, él lo pone en servicio para la comunidad" concluyó, celebrando este nuevo renacer de la Iglesia que se atreve a bailar.