La líder opositora venezolana y Premio Nobel de la Paz, María Corina Machado, consolidó su posición como figura central de la transición en una reunión clave celebrada este viernes en la Casa Blanca. El encuentro con el presidente Donald Trump —el segundo contacto formal en la capital estadounidense— contó con la presencia de piezas fundamentales del gabinete norteamericano, como el secretario de Estado, Marco Rubio, y la jefa de gabinete, Susie Wiles, lo que subraya la prioridad que representa el caso venezolano para la actual gestión de Washington.
Durante la sesión de trabajo, Machado detalló los tres ejes que sostienen su plan de gobernabilidad: el fortalecimiento de la cohesión interna, la cristalización de un pacto social amplio para la transición y la arquitectura logística necesaria para un nuevo llamado a las urnas. Tras más de ochenta días recorriendo organismos internacionales como la OEA, la dirigente busca capitalizar el reconocimiento global para ejecutar un regreso seguro a Caracas en las próximas semanas.
La agenda de la dirigente continuará ahora con una escala de alto impacto en el Cono Sur. Se confirmó que los días 11 y 12 de marzo estará en Chile para asistir a la asunción del presidente electo José Antonio Kast. Además de su participación en la transmisión de mando, Machado cumplirá con un compromiso académico y afectivo al asistir al lanzamiento de la Cátedra Sebastián Piñera en la Universidad del Desarrollo, invitada especialmente por la familia del difunto mandatario chileno.
Machado ha sido enfática al declarar que el ciclo de Nicolás Maduro quedó sentenciado tras los resultados electorales de julio de 2024. Según su visión, el actual contexto de presión diplomática y el respaldo de la Casa Blanca configuran un escenario de "punto de no retorno". Su regreso a Venezuela no solo pretende liderar la política interna, sino también actuar como puente para el retorno de miles de exiliados que aguardan el fin del sistema represivo para participar en la reconstrucción del país.