Los defensores sostienen que los síntomas no son nuevos, sino parte de un complejo historial médico que se arrastra desde el atentado que Bolsonaro sufrió durante la campaña electoral de 2018. Aquel ataque con arma blanca le provocó severas lesiones abdominales y derivó en múltiples cirugías a lo largo de los años.
Además, señalaron que el exmandatario padece diagnósticos previos como gastritis crónica, esofagitis y apnea del sueño severa, patologías que, según argumentan, se verían agravadas por las condiciones carcelarias actuales y representarían un riesgo concreto para su salud.
Bolsonaro cumple una condena de 27 años de prisión por su participación en el intento de golpe de Estado ocurrido en enero de 2023. Desde su detención, su situación médica ha requerido reiteradas intervenciones y traslados a centros de salud.
A fines de diciembre de 2025 fue sometido a una cirugía por una hernia inguinal, tras la cual permaneció internado varios días antes de ser trasladado nuevamente a su lugar de reclusión en Brasilia a comienzos de enero de este año. En ese momento, los pedidos de prisión domiciliaria fueron rechazados por considerar que su evolución postoperatoria era favorable.
La nueva presentación judicial busca revertir ese criterio. La defensa insiste en que el cuadro actual es sustancialmente distinto y que la infraestructura penitenciaria no estaría preparada para atender a un paciente de 70 años con secuelas abdominales severas y enfermedades crónicas.
Mientras el máximo tribunal analiza si ordena un nuevo peritaje médico o mantiene las condiciones actuales de detención, el estado de salud del ex presidente vuelve a generar un fuerte debate en la sociedad brasileña. Para algunos, se trata de una situación clínica delicada que requiere atención inmediata; para otros, de una estrategia legal orientada a evitar el cumplimiento efectivo de la condena.