La diplomacia dio un paso adelante en las tensas relaciones entre Irán y Estados Unidos. El canciller iraní, Abás Araqchi, anunció este martes que en la segunda ronda de conversaciones celebrada en Ginebra se logró acordar las "líneas generales" para un posible pacto sobre el programa nuclear de la República Islámica.
"Más constructivas": el balance de las conversaciones
En declaraciones a la televisión estatal iraní, Araqchi calificó la reunión como "más constructiva" que el ciclo anterior, celebrado a principios de este mes en Omán. Según el jefe de la diplomacia persa, "al final, logramos alcanzar un acuerdo amplio sobre una serie de líneas generales, sobre cuya base avanzaremos y comenzaremos a trabajar en el texto de un posible pacto".
A pesar del optimismo, el canciller fue cauto respecto a los plazos y las dificultades que aún restan. "Esto no significa que llegaremos pronto a un acuerdo. Cuando se llega a la redacción del texto, el trabajo se vuelve más difícil", afirmó, sin fijar una fecha para la próxima ronda de diálogo.
"Una nueva oportunidad" para la región
Más tarde, durante una sesión de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Desarme, Araqchi profundizó en el mensaje y celebró que se abre "una nueva oportunidad" para la diplomacia. El canciller expresó su esperanza de que estas negociaciones conduzcan a "una solución negociada y duradera que sirva a los intereses de las partes implicadas y de la región en su conjunto".
Las conversaciones de Ginebra representan el segundo encuentro entre Teherán y Washington desde la reanudación del diálogo el 6 de febrero en Mascate, Omán. Aquella fue la primera vez que ambas partes se sentaron a negociar desde la guerra de los 12 días en junio pasado, desencadenada por un ataque de Israel contra Irán que también involucró a Estados Unidos con bombardeos a instalaciones nucleares.
Los puntos de fricción que persisten
A pesar del clima de entendimiento en las "líneas generales", las diferencias de fondo continúan. Irán ha insistido hasta ahora en que no aceptará el enriquecimiento cero ni la limitación de su programa de misiles balísticos, dos de las exigencias centrales de Washington. Desde la perspectiva iraní, ceder en esos puntos significaría privarse de su capacidad defensiva en una región altamente conflictiva.
El equipo negociador estadounidense estuvo encabezado por el enviado especial de la Casa Blanca, Steve Witkoff, y contó con la participación de Jared Kushner, yerno del presidente Donald Trump. Las conversaciones fueron indirectas, con mediación de Omán.
Maniobras en el Golfo: un gesto de fuerza paralelo
Mientras se desarrollaban las negociaciones en Suiza, Irán realizó un movimiento de fuerte simbolismo geopolítico. Teherán cerró parcialmente el estrecho de Ormuz para llevar a cabo maniobras navales. Este paso marítimo es estratégico a nivel global, ya que por allí sale la mayor parte del petróleo producido en el golfo Pérsico.
La acción fue interpretada como un gesto de fuerza y desafío paralelo al diálogo, en línea con la tradicional estrategia iraní de combinar la presión militar con la negociación diplomática.
La presión militar de Washington
Las conversaciones se desarrollan bajo la sombra de las reiteradas amenazas estadounidenses de intervenir militarmente contra la República Islámica si no se alcanza un acuerdo satisfactorio. Como parte de esa estrategia de presión, la administración Trump ordenó el despliegue del portaaviones USS Abraham Lincoln junto con su grupo de combate en aguas de Oriente Medio.
A ese movimiento se sumó el envío de otra unidad de elite: el portaaviones USS Gerald R. Ford, el más grande del mundo, que ya navega hacia la región para sumarse al dispositivo de disuasión.