21 de marzo de 2026
🌤️ Cargando clima…
RADIO EN VIVO YOUTUBE
Dólar Oficial Dólar Blue Euro Real BTC ETH USDT
← Volver

INFORME NUEVO DIARIO: La insoportable levedad de ser mileísta

08/03/2026

La Libertad Avanza llegó al poder prometiendo pureza ideológica, guerra frontal contra la “casta” y una ruptura total con las viejas prácticas de la política, pero...

Por Xavier Maria Ferrera Peña

Desde la asunción de Javier Milei, el espacio fue mutando hacia una trama de alianzas con el PRO, acuerdos con sectores tradicionales, incorporaciones impensadas y purgas internas permanentes. El resultado no es solo una interna feroz: es una crisis de identidad. Porque cuando un proyecto se funda en la pureza, cada pacto pesa como una renuncia y cada expulsión desnuda que la lealtad vale menos que la utilidad.

La política tiene una crueldad elemental: obliga a elegir entre la coherencia absoluta y la supervivencia. Javier Milei había construido su capital simbólico en el extremo de esa tensión. No se presentó como un dirigente más del sistema, sino como su negación moral. No prometió administrar la Argentina: prometió barrer con sus intermediarios, sus pactos, sus gradualismos y, sobre todo, con esa entidad abstracta pero eficaz llamada “casta”. El problema es que el poder real no se sostiene con consignas químicamente puras. Se sostiene con votos, operadores, puentes parlamentarios, gobernadores, funcionarios, recambios y aliados. Y allí empezó la mutación.

Lo que vino después de la asunción fue una lenta pero visible reconversión. El anarco-capitalismo en versión de campaña, incendiario y doctrinario, empezó a convivir con figuras, estructuras y lógicas que en el relato fundacional aparecían como parte del problema. No fue una evolución elegante. Fue una adaptación áspera, hecha de necesidad, apuro y verticalismo. Y esa adaptación empezó a comerse por dentro al mileísmo original. Porque cuanto más dependió de acuerdos con sectores ajenos a su identidad de origen, más se resquebrajó la pertenencia de los propios.

 

De la motosierra al acuerdo

La primera gran señal estuvo en el origen mismo del triunfo. Tras la primera vuelta de 2023, Patricia Bullrich respaldó a Milei para el balotaje, y Mauricio Macri se convirtió en un sostén central de esa convergencia. Aquella foto no fue un detalle táctico: fue el acta de nacimiento de una convivencia entre un espacio que se decía antisistema y una fuerza, el PRO, que había sido gobierno nacional, provincial y municipal durante años. Más adelante, esa convergencia dejó de ser una ayuda de segunda vuelta para convertirse en alianza política abierta, con acuerdo electoral entre La Libertad Avanza y Pro en la provincia de Buenos Aires en 2025 y con una cooperación parlamentaria cada vez más explícita.

A esa lógica se sumaron incorporaciones de alto valor simbólico. Daniel Scioli, ex vicepresidente de Néstor Kirchner y ex gobernador bonaerense peronista, fue designado secretario de Turismo, Ambiente y Deportes en enero de 2024. Federico Sturzenegger, figura clave del gobierno de Mauricio Macri, asumió en julio de 2024 como ministro de Desregulación y Transformación del Estado. No se trata aquí de discutir capacidades personales. Se trata de registrar la magnitud del viraje: un proyecto que se presentaba como una impugnación moral del sistema empezó a poblarse de nombres salidos de las mismas tradiciones que denunciaba.

Eso explica por qué cada alianza del mileísmo pesa más que una simple táctica. En cualquier fuerza política, pactar es parte del oficio. En una fuerza que hizo del rechazo al pacto su certificado de pureza, pactar se parece demasiado a desmentirse. Milei descubrió lo que tantos descubrieron antes: que para llegar alcanza con una identidad nítida, pero para gobernar hay que embarrarse. La diferencia es que él había convencido a los suyos de que embarrarse era una forma de traición.

 

Los fundadores, armadores y libertarios que empezaron a irse

La implosión de un espacio no comienza cuando lo critican los de afuera. Empieza cuando los de adentro dejan de reconocerse en el espejo. Uno de los casos más resonantes fue el de Eugenio Casielles, uno de los fundadores de La Libertad Avanza, que en noviembre de 2024 rompió con el oficialismo en la Legislatura porteña, lanzó su monobloque “Transformación” y cuestionó el rumbo del espacio, al que acusó de poblarse de “obsecuentes”. Que se fuera un opositor podía ser anecdótico; que se fuera uno de los que ayudaron a construir la marca libertaria ya era otra cosa.

Algo similar ocurrió con Oscar Zago. Primero fue desplazado como presidente del bloque de Diputados en abril de 2024, en plena guerra interna por la comisión de Juicio Político y por el conflicto con Martín Menem. Poco después se confirmó la ruptura: Zago y dos aliados formaron una bancada propia. No era un legislador periférico. Había sido el jefe del bloque oficialista en la Cámara baja, una pieza central de la ingeniería parlamentaria de los primeros meses. Su salida mostró que la fractura no era ideológica solamente: también era de método, de mando y de convivencia interna.

Luego llegó la expulsión de Ramiro Marra, en enero de 2025. El comunicado partidario fue de una dureza reveladora: se informó que dejaba de pertenecer a La Libertad Avanza “de manera irreversible” por no seguir los lineamientos del partido y por haber votado a favor de un aumento de impuestos en la Ciudad de Buenos Aires. Marra no era un recién llegado. Era uno de los primeros rostros del mileísmo, un nombre asociado a la identidad urbana, mediática y electoral del espacio. Si a él podían expulsarlo así, el mensaje interno era transparente: nadie tenía historia suficiente como para discutir la vertical del poder real.

La sangría continuó en 2025. En agosto, Marcela Pagano, Carlos D’Alessandro y Gerardo González abandonaron el bloque libertario y conformaron “Coherencia”, sumando a Lourdes Arrieta. El nombre elegido fue casi una acusación en sí mismo. Se apartaron denunciando corrupción y cuestionando la deriva interna del oficialismo. Cuando una escisión se bautiza “Coherencia”, está diciendo sin eufemismos que lo que percibe del otro lado es, precisamente, incoherencia.

 

Villarruel: de compañera de fórmula a figura cercada

Si hay un caso que resume la lógica interna del mileísmo en el poder es el de Victoria Villarruel. Fue socia fundacional de la victoria de 2023, aportó volumen político, identidad conservadora y una parte importante del electorado que veía en Milei algo más que un experimento económico. Pero la convivencia se fue deteriorando hasta volverse ruptura abierta. En noviembre de 2024, el propio Milei dijo que Villarruel estaba “cerca de la casta”, que no tenía “ninguna injerencia en la toma de decisiones” y que ni siquiera participaba de las reuniones de gabinete. Fue una desautorización pública y brutal.

La crisis no quedó ahí. En marzo de 2026, la fractura escaló todavía más: desde el oficialismo la señalaron como “golpista”, mientras Villarruel respondió denunciando corrupción y rechazando cualquier posibilidad de renuncia. Es decir, la vicepresidenta pasó de ser una pieza decisiva de la fórmula ganadora a convertirse en una figura tratada como cuerpo extraño dentro del propio dispositivo de poder. La marginación de Villarruel no es solo una pelea personal. Es el síntoma de un oficialismo que no procesa diferencias: las expulsa, las encapsula o las demoniza.

 

La guillotina como método

Los números ayudan a ver la dimensión del fenómeno. Un relevamiento de Infobae publicado el 4 de febrero de 2026 registró que, entre el 10 de diciembre de 2023 y el 2 de febrero de 2026, dejaron sus cargos 224 funcionarios de la planta política del Gobierno nacional. El promedio es elocuente: dos por semana, uno cada cuatro días. Economía encabezó las salidas con 77, seguida por Capital Humano y Jefatura de Gabinete. No es un detalle de administración. Es una forma de ejercicio del poder.

La lista de nombres de primera línea ya alcanza para describir un estilo. Guillermo Ferraro fue eyectado del Ministerio de Infraestructura en enero de 2024, en medio de acusaciones por filtraciones de reuniones de gabinete. Nicolás Posse dejó la Jefatura de Gabinete en mayo de 2024 y el Gobierno explicitó que la decisión respondía a “diferencia de criterios y expectativas en la marcha del Gobierno”. Diana Mondino fue echada de Cancillería en octubre de 2024 tras el voto argentino en la ONU contra el embargo de Estados Unidos a Cuba. Osvaldo Giordano salió de la ANSES y Flavia Royón de Minería en febrero de 2024, después del fracaso legislativo de la ley ómnibus y del enojo presidencial con gobernadores ligados a ambos funcionarios.

También cayeron Mario Russo, que dejó Salud en septiembre de 2024; Rodolfo Barra, que salió de la Procuración del Tesoro en enero de 2025; y Mariano de los Heros, desplazado de la ANSES en febrero de 2025. A eso se sumaron otros recambios de alto voltaje en áreas sensibles, confirmando que el gabinete mileísta nunca terminó de ser un equipo consolidado sino una estructura sometida a la ansiedad permanente del examen político.

Pero había más. Uno de los episodios más delicados fue el de Diego Spagnuolo, extitular de la Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS). Fue desvinculado en agosto de 2025 tras la difusión de audios en los que denunciaba presuntos pedidos de coimas en su organismo y mencionaba a Karina Milei y a Eduardo “Lule” Menem. La gravedad del caso no residía solo en la caída de un funcionario cercano al Presidente, sino en el área afectada: discapacidad, uno de los territorios más sensibles del Estado. Allí el Gobierno no quedó solo frente a una salida administrativa, sino ante un escándalo con olor a corrupción en una zona de extrema vulnerabilidad social.

A esa secuencia hay que agregar la salida de Mariano Cúneo Libarona. El 4 de marzo de 2026 se oficializó su renuncia al Ministerio de Justicia y su reemplazo por Juan Bautista Mahiques. Reuters informó que Cúneo Libarona dejó el cargo alegando motivos personales, mientras El País y Infobae remarcaron que el recambio se produjo en medio de una reconfiguración política más amplia y con el arribo de una figura con lazos importantes con el PRO y con el poder judicial. Otra vez aparece la misma postal: el gobierno libertario, que prometía una nueva moral pública, termina sosteniéndose con nombres y puentes del establishment al que decía impugnar.

Y hay una caída más, decisiva para entender el movimiento de fondo: la de Guillermo Francos. El 31 de octubre de 2025 renunció a la Jefatura de Gabinete, desgastado por presiones internas, y fue reemplazado por Manuel Adorni, hasta entonces vocero presidencial. La Nación describió esa salida como el resultado de tensiones acumuladas y de un rediseño de la mesa de poder. El dato político es enorme: Francos era, dentro del mileísmo, una de las pocas piezas con oficio clásico para negociar con gobernadores, bloques dialoguistas y actores del sistema. Su reemplazo por Adorni fue una señal inequívoca de que el oficialismo prefería redoblar la lógica de la fidelidad comunicacional antes que sostener un equilibrio político más amplio.

 

Fuga, purga y vaciamiento de identidad

Toda fuerza de gobierno cambia. Lo decisivo es qué pierde al cambiar. La Libertad Avanza llegó como una promesa de identidad compacta: anarco-capitalismo, antiestatismo, combate a la casta, rechazo frontal al toma y daca. Dos años y pico después, el cuadro es otro. El oficialismo depende de alianzas con el PRO, incorpora figuras de tradiciones peronistas y macristas, rompe con fundadores, expulsa a sus propios primeros soldados, cerca a su vicepresidenta y administra el gabinete con una rotación vertiginosa. Eso no describe una consolidación doctrinaria. Describe una fuerza que cambió músculo ideológico por reflejo de supervivencia.

Milei puede exhibir, con razón, que logró acumular poder, sacar leyes y condicionar buena parte de la agenda pública. Pero una cosa es tener poder y otra tener identidad. Poder puede tenerlo cualquiera que sepa ordenar mandos, disciplinar tropa y cerrar acuerdos. Identidad política duradera solo la tienen los proyectos capaces de contener diferencias sin licuarse. Y allí aparece el drama del mileísmo: cuanto más gobierna, menos se parece a la fe original con la que enamoró a los suyos.

 

La insoportable levedad de ser mileísta

Ser mileísta hoy parece una condición precaria. No garantiza pertenencia, porque la pertenencia depende de la utilidad. No garantiza doctrina, porque la doctrina se acomoda a la necesidad. No garantiza ni siquiera cercanía al poder, porque ya se vio que se puede ser fundador y quedar afuera, jefe de bloque y caer, ministro y ser desplazado, vice y terminar convertida en amenaza interna. En ese universo, la lealtad no parece una convicción: parece un contrato de duración incierta.

Conclusión

La verdadera crisis de La Libertad Avanza no es solo de nombres. Es de esencia. Un espacio que nació prometiendo pureza terminó abrazado a acuerdos que negaba, funcionarios que no lo representaban y métodos que decía venir a destruir. Por eso la levedad insoportable del mileísmo no está en sus consignas de combate, sino en su fragilidad íntima: adentro de ese mundo nadie parece estar del todo adentro. Todos están a préstamo. Y cuando una fuerza política convierte la utilidad en la medida final de la lealtad, deja de construir una identidad y empieza a administrar una intemperie.

Lee también:
¿Tenés alguna duda?
Asistente LV11