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INFORME EXCLUSIVO NUEVO DIARIO: Selva política argentina: Si el animal deja de ser metáfora

13/02/2026

El “león”, la motosierra y la política-espectáculo conviven con una cultura de redes que premia lo extremo. En ese clima de infoxicación y fragilidad comunitaria, identidades como los “therians” emergen como síntoma.

Por Xavier Maria Ferrera Peña

La Argentina de hoy se parece cada vez más a una selva de pantallas. No por “violenta” en sentido literal, sino por competitiva, nerviosa y saturada: un ecosistema donde manda el impacto, el gesto, el símbolo fácil de repetir. En esa jungla, la animalidad dejó de ser solo un recurso retórico para convertirse en estética y pertenencia. El fenómeno “therian” —jóvenes que dicen identificarse de manera profunda con una identidad animal no humana— se discute en redes y medios como rareza o amenaza. Pero, desde lo sociopolítico, vale otra lectura: no se trata de burlarse ni de patologizar, sino de entender qué condiciones vuelven “disponible” esa identidad. Porque cuando la política se narra como bestiario (león/selva) y la vida digital recompensa performances, la metáfora se recalienta y empieza a operar en serio.

Qué son los “therians” (y qué no son)

En términos simples: un therian es alguien que afirma identificarse —en un plano interno, emocional o simbólico— con un animal no humano, aun sabiendo que biológicamente es humano. Es, ante todo, una identidad o subcultura que circula y se organiza en entornos digitales, con relatos de pertenencia y continuidad personal.

La distinción clave: esto no es automáticamente un diagnóstico clínico. La medicina describe como fenómeno raro la “licantropía clínica” (delirio de transformación animal) vinculada a cuadros psicóticos, pero eso no equivale a la diversidad de identidades juveniles online. Confundirlos es estigmatizar por descarte.

 

Animales que comunican en la jungla mileísta.
Animales que comunican en la jungla mileísta.

 

La política como zoológico emocional

La política siempre usó animales. Lo nuevo es la intensidad con que la metáfora se vuelve marca y la marca se vuelve identidad colectiva. La figura del “león” —presentada como emblema de fuerza y dominio de la “selva” política— opera como un símbolo de alta potencia: condensa jerarquía, valentía, manada, territorio.

Y la motosierra completa la escena: el objeto como promesa de acción inmediata, sin mediación ni matices.

Un punto semiótico: cuando el símbolo se repite hasta el cansancio, deja de ser “recurso” y pasa a ser “atmósfera”.

Del rugido al “yo soy”: la liturgia del espectáculo

La política-espectáculo no se limita a slogans: produce rituales. Un líder que entra cantando “Hola a todos, yo soy el león” convierte la metáfora en escena corporal. Todo el país registró esa performance en eventos masivos.

No es que una canción “cause” identidades animalizadas. Es que instala un lenguaje emocional: animalidad como energía, como verdad “instintiva”, como pertenencia de manada. En redes, ese lenguaje se reproduce como meme y se vuelve cotidiano.

 

Lilia Lemoine en su rol de mujer fantástica.
Lilia Lemoine en su rol de mujer fantástica.

 

Cosplay, personaje y la frontera rota entre juego e identidad

En paralelo, la cultura pop se volvió credencial pública. El cosplay dejó de ser solo hobby: es performance, estética, comunidad. Y esa lógica entró a la vida política sin pedir permiso. Basta recordar a Lilia Lemoine en su etapa “Lady Lemon” y su proximidad a ese mundo de personajes.

¿Por qué importa? Porque la época empuja a que el “personaje” sea identidad permanente: si lo performático trae reconocimiento, pertenencia y visibilidad, el yo se moldea en tiempo real. No se finge: se habita.

Infoxicación: cuando gana el símbolo simple

Fundéu (Fundación del Español Urgente) explica “infoxicación” como saturación informativa que dificulta procesar, filtrar y comprender.

En ese contexto, el símbolo simple gana por nocaut:

 

La infoxicación no solo desinforma: reduce. Y cuando reduce, empuja a identidades compactas, totales, fáciles de “ponerse”. Lo animal es perfecto para eso: habla al cuerpo, no al argumento.

 

 

Plazas y paseos públicos son los espacios territoriales a los que baja el mundo digital.
Plazas y paseos públicos son los espacios territoriales a los que baja el mundo digital.

 

Therians como síntoma: refugio identitario en intemperie social

El fenómeno therian crece y circula porque ofrece algo escaso: pertenencia con relato. Para algunas adolescencias, el animal funciona como metáfora vivida: fuerza para enfrentar ansiedad, distancia de un yo que duele, pertenencia en un mundo donde el vínculo está fragilizado.

Acá conviene bajar el volumen del escándalo: no todo es “peligro”, ni todo es “moda”. Hay juego, hay búsqueda, hay comunidad, y también puede haber vulnerabilidad. Lo responsable es mirar el sistema que lo vuelve posible.

Una selva sin contención

El punto no es reírse de los therians ni usarlos como excusa para una cruzada moral. El punto —mucho más incómodo— es que la Argentina está criando subjetividades en un bombardeo constante: símbolos que se repiten, algoritmos que empujan extremos, política convertida en show y show convertido en política.

Y frente a eso, la familia y las redes de contención cotidiana llegan tarde o llegan rotas: por precariedad, cansancio, fragmentación, pantallas colonizando la conversación. La posmodernidad no destruye de un golpe: pulveriza. Y cuando se pulveriza el tejido básico, cualquier identidad fuerte —animal o humana— puede convertirse en refugio.

La selva no es el problema. El problema es que nos quedamos sin malla de contención.

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