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INFORME EXCLUSIVO NUEVO DIARIO: Bajar la ley de imputabilidad, ¿es una solución real? ¿Pena para vivir tranquilos o hacer un país en serio con inclusión real?

12/02/2026

¿Pena para vivir tranquilos o hacer un país en serio con inclusión real?

Por Dante F. Luna

¿Será que la solución a la inseguridad en nuestro país pasa por encarcelar a chicos desde los 13 o los 14 años? ¿Nuestro sistema carcelario está preparado para este nuevo proyecto de Código Penal que propone penas más duras? Así está la Argentina del siglo XXI: queriendo una legislación punitiva más severa para los menores de edad, mientras la Iglesia pide más inclusión, más trabajo.

Nuestro país se desangra y hoy el fenómeno de las villas miseria, la pobreza, el “no llego a fin de mes”, parece extendido a límites poco imaginados.

No hay Indec que pueda tapar el sol con la mano. La situación demanda acciones concretas e inmediatas.

Hay, evidentemente, una fuerte degradación social que impacta en el día a día. Cada vez más lejos queda la realidad del prisma con el que la política mira los problemas y las posibles soluciones.

Nadie quiere que a un jubilado le roben y lo maten. Tampoco quiere que el mensaje desde la política sea que, cada vez que sale un adulto mayor a expresar su descontento en la calle, sea apaleado por las fuerzas de seguridad —o del “orden”—.

Nadie quiere —estimo, solo estimo a esta altura de los acontecimientos— que niños, adolescentes y adultos en situación de pobreza deambulen por las calles en busca de alimentos entre las bolsas de residuos de quienes sí pueden alimentarse. Pero tampoco quiere que el Estado cierre los comedores porque “hay un puntero que se queda con la plata”. Y si lo hay, saquen al puntero, no cierren el comedor, no castiguen a los que menos tienen. Con el hambre no se juega, y esto abarca las dos posiciones antagónicas. En todo caso, que se fijen mecanismos claros de distribución de la ayuda social; cortarla es la peor de las soluciones.

Hay que prestar mucha atención a la degradación social de amplios sectores a los que cada vez les cuesta más sobrevivir. Y luego no queremos argentinos durmiendo en las veredas. Usamos la fuerza pública para sacarlos e invisibilizarlos. Lo importante parece que es que “no salga la foto”. Y vamos escondiendo todo bajo la alfombra, hasta que la realidad se expresa en toda su dimensión. ¿O acaso ya nos olvidamos del estallido hiperinflacionario? ¿O quedaron muy lejos las jornadas en las que explotó la calle y De la Rúa tuvo que irse en helicóptero?

Nadie quiere que se rompa el orden institucional, ni mucho menos —porque siempre estas cuestiones son sumamente traumáticas para el pueblo y la democracia—; simplemente es señalar lo que sucede si la respuesta no aparece a tiempo.

La Argentina, cada vez más, se parece al “sálvese quien pueda”. ¿Y quién puede? Pareciera ser que cada vez pueden menos, a pesar de que desde el gobierno libertario nos quieren convencer de que hay menor pobreza. Todos los días recrudecen las noticias sobre el cierre de fábricas, de pymes y de fuentes de empleo. ¿Eso no genera más pobreza? Si no es así, entonces disculpen: yo no soy experto en economía, pero creo que algo sí tengo, que es sentido común. Cierran empresas, caen los empleos, hay más pobreza.

Siempre que se habla de ascenso social en la Argentina, se dice que estudiar es garantía de acceder a mejores condiciones de vida.

Sin embargo, recortamos inversión pública en educación, recortamos en ciencia, no tenemos claro un proyecto de país en el que el eje sea lo que necesitamos producir en materia de recurso humano capacitado para ese objetivo de nación libre y soberana —pero libre y soberana en serio, no con patrones que tengan que decirnos desde afuera lo que tenemos que hacer por ser deudores seriales y, por lo tanto, no tengamos independencia de criterio—.

No me parece un proyecto de país serio aquel que propone portación de armas a los civiles, que no tiene una política de inclusión y, por lo tanto, proyección para los jóvenes —y aquellos problematizados con la ley, de resocialización—.

El debate no debería ser “a cuántos años metemos a la cárcel a los menores que delinquen”, sino “qué hacemos con los jóvenes, según su edad, sus estudios”.

O se construye un proyecto de país en serio, o lo que pasa no solamente seguirá pasando, sino que se profundizará hasta quién sabe dónde.

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