Los indicadores de coyuntura del INDEC revelaron un escenario complejo para el sector minorista en el arranque de 2026. Las ventas a precios constantes —que descuentan el efecto inflacionario para medir el volumen físico de transacciones— marcaron una disminución del 1,2% respecto a enero del año anterior. La medición desestacionalizada también arrojó signo negativo, con una merma del 1,5% en relación a diciembre, consolidando un proceso de contracción en la demanda interna.
A pesar de la caída en las cantidades despachadas, la facturación nominal (a precios corrientes) ascendió a $2,33 billones. Esta cifra representa una suba del 25,1% interanual, un incremento traccionado exclusivamente por la actualización de los precios en góndola y no por un aumento en la actividad comercial.
Dinámicas de pago y el peso de la financiación
El informe arroja datos clave sobre cómo los argentinos financian sus compras diarias. La tarjeta de crédito se consolidó como la herramienta principal, concentrando el 43,1% de las operaciones, lo que sugiere una dependencia del financiamiento para cubrir gastos corrientes. Le siguieron el débito (25%), el efectivo (17,1%) y las billeteras virtuales, que ya captan el 14,8% del mercado.
El ticket promedio de compra se situó en $34.840, un valor que creció un 30,1% nominal frente al año previo. Dentro de la canasta relevada, los rubros que lideraron los aumentos de precios fueron carnes, frutas, verduras, panadería y alimentos procesados, justamente los ítems de mayor incidencia en la dieta familiar.
Retroceso en el mercado laboral y canales de venta
La retracción del consumo también comenzó a derramar sus efectos sobre el mercado de trabajo sectorial. En enero de 2026, el rubro supermercadista empleó a 99.014 trabajadores, lo que representa una pérdida del 1,5% de los puestos laborales en comparación con el mismo mes de 2025.
En cuanto a las modalidades de consumo, el informe destaca que la presencialidad sigue siendo absoluta: el 97,3% de las compras se realizan en el local físico, mientras que el canal de e-commerce permanece estancado en un marginal 2,7%, evidenciando que, en contextos de restricción presupuestaria, el consumidor prefiere la comparación directa de precios en el salón de ventas.