Por Leopoldo Alas y Urueña
El peligro de la primera impresión
Espero dejar bien en claro que no preocupa tanto que alguien se sienta, se disfrace o se vista de can, como la manipulación que se hace desde las redes para imponer esta supuesta moda, que obviamente no es tal… Por eso la pregunta inicial: ¿quién está detrás de las máscaras?
Los occidentales deberíamos recordar qué sentido tenían las máscaras en el antiguo teatro griego, haciendo hincapié en que la palabra persona proviene del heleno prosópon, que significa "máscara de actor" o "personaje". Este término original evolucionó hasta convertirse en "personalidad". Desde esta perspectiva, abandoné mis impresiones más banales y me replanteé cosas más serias.
En su acepción romana, era también la máscara que utilizaban los actores para caracterizar un personaje. Posteriormente, trocó de definir el rol interpretado (o sea, la máscara) a definir a la persona física que actúa, y aún más intrínsecamente, al ser humano como sujeto consciente de sí mismo.

Dos conclusiones inquietantes
Primera conclusión: quien esté jugando con esta supuesta moda está manipulando de manera casi siniestra a quienes se ocultan tras una careta animal.
Segunda conclusión: abandonar los rasgos humanos, ¿qué otras renuncias arraigan estas acciones aparentemente lúdicas, aunque para nada inocentes?
Renuncia a la racionalidad
Si extremamos las miradas, podría decirse que los therians, con su postura o tendencia, renuncian a su racionalidad, a su esencia humana, despreciando —por una urgencia primaria— los postulados darwinianos de la evolución biológica y la selección natural de los últimos 167 años.
El término therian proviene del griego therion (bestia). Estos individuos exponen abiertamente una disonancia entre su cuerpo humano y lo que ellos perciben como su verdadera esencia animal. Esta experiencia, tan alarmantemente difundida por las redes, escondería lo que podría interpretarse como una huida del propio yo.
No descubriremos nada si aceptamos que no pocos individuos hoy llevan su esencia humana como una insoportable carga, propia de la vida que afrontan en una sociedad alambicada cuya brújula los entrampa en la denominada posverdad.

Búsqueda de identidad o hartazgo social
Si bien los therians jamás se expresaron en estos términos públicamente, no es difícil concluir que muestran una afanosa necesidad de buscar una nueva identidad fuera de su propia especie. Vale preguntarse: ¿este fenómeno encierra una negación hacia la propia esencia?
Algunos, al contrario, concluirán que esta espantosa tendencia refleja, al fin y al cabo, el cansancio de los hombres en su carrera desbocada en la agotada sociedad de consumo. En los tiempos en los que paradigmas como familia, sociedad, política o religión parecen haberse agotado, ese falso retorno a la naturaleza podría esconder, en realidad, el hartazgo hacia todo lo establecido.
Cuando esa invisible sociedad de castas, en la que aparentemente por meritocracia se podría ocupar un lugar de privilegio exponiéndose como el más dotado, se cae a pedazos, la única salida que se abre sería renunciar a la propia humanidad.
"Si la vida te trata como perro, de nada sirve rebelarse, solo queda asumirlo y mostrarse como tal…" Aclaro que la cita no corresponde a ningún filósofo cínico de barril. Por muy excéntrico que parezca disfrazarse de perro, lo inquietante y poco advertido es que lo humano se diluya tan fácilmente detrás de una careta de cartón y peluche.
La paradoja de la tolerancia selectiva
La sociedad, redes sociales mediante, se muestra azorada por jóvenes que se disfrazan y hasta se asumen como perros —u otros animales—, mientras que en los últimos años incorporó categorías como los "LGTV+", entre ellos a los travestis, demostrando que se podían abatir barreras sociales que no hacían más que generar xenofobia y racismo.
En la década del 50, J. Edgar Hoover, legendario director del FBI, se disfrazaba de mujer en fiestas privadas. Todo era a puertas cerradas; el karma de la homosexualidad hubiera acabado con su carrera y su vida en ese tiempo. El propio alcalde de Nueva York, Rudolph William Louis "Rudy" Giuliani, se disfrazaba de mujer también, pero lo hacía públicamente, aunque claro, corrían los años 90.
¿Por qué entonces el espanto cuando un grupo de jóvenes se manifiesta abiertamente en disidencia contra su esencia humana?
Una última reflexión
El fenómeno therian, para algunos, no sería nada más que una forma de expresión de identidad personal. Estos dicen percibirse —sentirse— interiormente como si fueran animales irracionales, sin que esta forma de manifestarse pretenda ser nada más que una vivencia personal. No obstante, nadie puede ignorar que los problemas se desencadenan cuando esa supuesta vivencia intenta arraigarse en el plano de la realidad social.
Así podríamos seguir sumando argumentos a favor y en contra. Podríamos seguir encendiendo luces de alarma o bien apaciguando las aguas al considerar que solo es otra moda más, entre tantas otras.
La pregunta inicial de este artículo no fue lanzada solo como una interrogante sin respuesta. Para nada es una pregunta retórica. Quizás detrás de las máscaras las redes sociales estén ocultando una mano aviesa, entusiasmada en agitar a sus legiones, planteando un problema que no existe más allá de unas cuantas imágenes ni siquiera transgresoras y mucho menos reveladoras de nada… Si acaso provocadoras, dichas imágenes podrían no ser más que el vehículo de un nuevo experimento de impacto sobre las masas aglutinadas en las redes.
Fuente: El Fenómeno Therian como Síntoma de la Desintegración Subjetiva, por Carlos Esparza