El operativo de búsqueda que mantuvo en vilo a la ciudad de Puerto Madryn durante más de 48 horas llegó a su fin con la noticia más temida. Efectivos de la Prefectura Naval Argentina encontraron el cuerpo sin vida de Sofía Devries, la turista de 23 años que había desaparecido el lunes por la tarde mientras realizaba una inmersión de buceo en el Golfo Nuevo.
La joven, oriunda de otra provincia, participaba de una actividad para obtener una certificación internacional (PADI) cuando, a unos 20 metros de profundidad, habría sufrido una descompensación que le impidió regresar a la superficie por sus propios medios. El incidente encendió las alarmas de inmediato y activó un rastrillaje que se extendió por dos jornadas.
La hipótesis judicial
Con el hallazgo del cuerpo, la investigación cambió de eje. La fiscal María Eugenia Vottero quedó a cargo de la causa y ya trabaja para determinar si existió algún tipo de responsabilidad por parte de los organizadores de la excursión.
Desde el Ministerio Público Fiscal de Chubut informaron que se analiza si hubo "una eventual falta a los deberes de cuidado por parte de terceros", una figura que podría derivar en responsabilidad penal si se acredita negligencia. Por ahora no hay imputados, aunque los investigadores ya tomaron declaración a los testigos que participaron de la inmersión.
El foco está puesto en dilucidar si la muerte fue producto de un riesgo inherente a la práctica del buceo o si, por el contrario, existieron omisiones en los protocolos de seguridad que debían cumplirse.
Tecnología de punta para el hallazgo
La complejidad del terreno subacuático obligó a desplegar un operativo de alta tecnología. La Prefectura incorporó al rastrillaje el superbuque SB-15 "Tango" , una embarcación especialmente equipada que fue trasladada desde Buenos Aires para reforzar la búsqueda.
La nave cuenta con una plataforma y una campana de buceo operable hasta los 80 metros de profundidad, además de un vehículo operado de forma remota (ROV) que permitió realizar las tareas subacuáticas con precisión. Fue precisamente este equipamiento el que posibilitó dar con el cuerpo de Sofía en el lecho marino.