La Semana de la Moda de Londres suele tener como protagonistas a diseñadores excéntricos y colecciones arriesgadas. Pero este año, el primer día del evento quedó marcado por una presencia inesperada: la del rey Carlos III, que apareció en un desfile apenas horas después de que su hermano, el príncipe Andrés, fuera arrestado en el marco de la investigación por sus vínculos con el caso Epstein.
El monarca llegó al recinto vestido con un impecable traje gris y se ubicó en primera fila junto a la diseñadora Stella McCartney, hija del mítico músico de The Beatles. Su presencia acaparó la atención de los medios y desvió el foco de los desfiles que iban a ser los platos fuertes de la jornada, como los de Paul Costelloe y Harris Reed.
Una agenda que no se detiene
La detención del duque de York ocurrió horas antes en su residencia de Sandringham, acusado de filtrar documentos sensibles del gobierno británico vinculados al pederasta convicto Jeffrey Epstein. Pese a la gravedad del hecho, Carlos III decidió mantener su agenda pública y asistir al compromiso ya pactado con el mundo de la moda.
A su llegada, fue recibido con aplausos y algunos murmullos entre la multitud de curiosos que se agolpaba en las inmediaciones. Dentro del recinto, el monarca siguió con atención la presentación de la colección de invierno de Tolu Coker, una marca de origen británico-nigeriano que apuesta por la fusión cultural.
Un comunicado y silencio
Minutos después de conocerse el arresto, el Palacio emitió un breve comunicado en el que Carlos III expresó su "profunda preocupación" por la situación de su hermano, pero recalcó que "la ley debe seguir su curso". La declaración, mesurada y protocolariamente correcta, dejó en claro que el rey no intervendría en el proceso judicial.
Mientras tanto, la imagen del monarca sentado en la primera fila de un desfile, en aparente calma, se convirtió en la postal más comentada del primer día de la Semana de la Moda de Londres. Una imagen que, para muchos, refleja el temple de un rey que decide no detenerse, ni siquiera cuando la tormenta golpea a su propia familia.