Un caso de gatillo fácil e inoperancia policial sacudió a la opinión pública. Un sargento ayudante terminó preso después de balear a una mujer de 49 años que estaba sufriendo un brote psicótico. La familia había llamado pidiendo ayuda para contenerla, pero el remedio fue peor que la enfermedad: el policía la mandó al hospital con dos plomos en el cuerpo.
El hecho de sangre ocurrió el martes en el barrio Pueyrredón. La mujer, presa de una crisis de nervios, se había encerrado en su casa y amenazaba con lastimarse con un cuchillo. Sus familiares, desesperados, llamaron al 911 esperando contención profesional.
Plomo en vez de ayuda
Sin embargo, cuando llegó el grupo especial, la situación se desmadro. Según la Justicia, el sargento —un hombre con más de 10 años de experiencia— ignoró los protocolos y las armas no letales. Al ver a la mujer alterada, sacó su pistola 9mm reglamentaria y le efectuó dos disparos.
Los balazos impactaron en el estómago y en un muslo de la víctima, que cayó gravemente herida y ahora pelea por su vida en el Hospital San Roque.
La fiscal Silvana Fernández no dudó: ordenó la inmediata detención del policía por lesiones graves calificadas. Las cámaras de seguridad lo condenaron: no había necesidad de disparar a matar contra una mujer que solo necesitaba asistencia médica.