Un relato estremecedor volvió a poner en el centro de la escena mediática al antiguo sector conocido como el "Bronx" en Bogotá, Colombia. Un hombre identificado como Óscar Rosas, apodado el "chef del diablo", brindó declaraciones sobre presuntas prácticas ilegales y rituales macabros que habrían ocurrido en ese enclave delictivo antes de su intervención final en el año 2016.
El testimonio fue difundido a través del pódcast "Conducta Delictiva", donde Rosas narró su estrepitosa caída personal. Según su versión, pasó de trabajar como profesional gastronómico en prestigiosos restaurantes de Estados Unidos a quedar atrapado por el consumo de drogas y ser retenido contra su voluntad en el Bronx. Allí, asegura haber sido obligado a cocinar para los cabecillas de peligrosas organizaciones criminales que controlaban la zona, conocida también como "La Ele".
Durante la entrevista, Rosas sostuvo que en el contexto de violencia extrema que regía el sector, se realizaban prácticas vinculadas a rituales oscuros. El punto más álgido de su declaración refiere a la preparación de platos con carne de origen humano. El "chef" afirmó que estos supuestos alimentos se ofrecían a precios elevados, principalmente a clientes extranjeros que buscaban experiencias extremas, y que incluso eran consumidos sin conocimiento por personas en situación de calle como método de descarte de víctimas.
Rosas vinculó estas actividades con las economías ilegales de tráfico de órganos y desapariciones que operaban impunemente en el lugar. "Era un infierno donde la vida no valía nada", sugirió el entrevistado, quien logró sobrevivir a una de las zonas más conflictivas de la capital colombiana, caracterizada por la ausencia total del Estado hasta la llegada de las fuerzas de seguridad.
El fin de "La Ele"
Cabe recordar que el sector del Bronx fue intervenido a fines de mayo de 2016 mediante un masivo operativo que permitió desarticular las redes delictivas que allí funcionaban. Si bien las declaraciones del exintegrante generaron una profunda conmoción y reavivaron el debate social, las autoridades colombianas mantienen cautela, ya que gran parte de lo relatado forma parte de testimonios individuales que continúan bajo análisis en investigaciones judiciales de larga data.
Este nuevo capítulo de horror sirve como recordatorio de la marginalidad extrema que puede alcanzar el crimen organizado cuando no hay control territorial, dejando cicatrices profundas en la historia urbana de Bogotá que, diez años después, siguen supurando testimonios de espanto.