Al celebrarse 206 años de la declaración de la Autonomía Provincial (1820), este hecho debe valorarse como un acontecimiento histórico enmarcado en el proceso iniciado con la Revolución de Mayo y la Declaración de la Independencia. Para el profesor Clemente Di Lullo, este grito de libertad debe contextualizarse en un país en formación que aún conservaba esquemas del antiguo virreinato, donde la autoridad era ejercida por los tenientes de Gobernador, funcionarios designados desde Buenos Aires.
El conflicto entre el Interior y el Centralismo
Según Di Lullo, las autoridades eran impuestas desde el puerto. Aunque las ciudades del interior adhirieron a la revolución guiadas por los principios de “libertad, igualdad y fraternidad”, pronto surgieron tensiones. Se tomó conciencia de que, tras los eventos de mayo y julio, la región había pasado “del dominio de Madrid al dominio de Buenos Aires”. Como consecuencia lógica, llegaría la discusión por el poder: “Ergo, no había cambiado nada y como lógica consecuencia llegaría la reacción”.
El rol de los Caudillos y la dependencia de Tucumán
El camino hacia las autonomías provinciales estuvo enraizado en el anhelo de libertad frente a las políticas centralistas. En aquel entonces, Santiago del Estero dependía del gobernador tucumano, Bernabé Aráoz, quien “asfixiaba con impuestos a la población santiagueña”. Este escenario permitió la irrupción de los caudillos provinciales.
Sobre estos líderes, Di Lullo sostiene que fueron protagonistas necesarios:
-
Eran militares con prestigio tras las luchas por la independencia.
-
Poseían poder económico como estancieros.
-
Imponían la “ley de lealtad al patrón”.
Si bien fueron valiosos para abrir los caminos hacia la libertad, el profesor reconoce que con el tiempo el esquema se volvió problemático, dando forma al concepto de caudillismo que subyace hasta el presente.
Borges e Ibarra: Precursor y Ejecutor
Al analizar las figuras clave, Di Lullo distingue el rol de Juan Francisco Borges, a quien define como el verdadero precursor de la Autonomía, aunque “lamentablemente olvidado por la historiografía, exprofeso”. Sostiene que el título de precursor le queda chico y que Juan Felipe Ibarra recibió el camino servido por Borges, quien terminó fusilado en Santo Domingo en su búsqueda de libertad.