La abogada argentina Agostina Páez, de 29 años, enfrenta un complejo escenario judicial en Brasil, donde permanece bajo arresto domiciliario acusada de racismo. Según confirmó su defensora, Carla Junqueira, el Ministerio Público pretende imputarla por tres hechos de injuria racial, lo que podría elevar la condena hasta los 15 años de prisión mediante la figura de “concurso material” (la suma de las penas por cada delito).
Una fecha clave en Río de Janeiro
El proceso judicial tiene fijado el inicio del debate para el próximo 24 de marzo en los tribunales de Río de Janeiro. La fiscalía sostiene que los ataques discriminatorios afectaron a tres víctimas en momentos diferentes, criterio que el juez de la causa ha validado hasta el momento. La defensa, por su parte, cuestiona la "desproporción" de las medidas y trabaja para evitar que la acumulación de penas alcance el máximo previsto por la estricta legislación brasileña contra el racismo.
Cambio radical en la estrategia legal
Tras asumir el caso, Junqueira decidió modificar la línea defensiva anterior, que intentaba responsabilizar a las víctimas. “En casos que involucran derechos humanos, culpar a las víctimas generalmente no da resultados”, explicó la letrada. Bajo esta nueva mirada, la defensa busca una interpretación menos restrictiva y apunta a destacar la falta de antecedentes de la joven argentina, quien actualmente cumple su arresto monitoreada por una tobillera electrónica.
Disculpas públicas y arrepentimiento
En las últimas horas, Páez utilizó su cuenta de Instagram para difundir un video en el que pidió perdón por los gestos discriminatorios realizados a la salida de un local nocturno en Ipanema en enero pasado. “Fue un comportamiento muy grave y lo lamento profundamente. Ahora que estoy aprendiendo y escuchando, entiendo lo delicado del tema”, manifestó la joven, cuya reacción fue captada por cámaras de seguridad y se volvió viral en redes sociales.
La acusada explicó que no se había pronunciado anteriormente por recomendación de sus antiguos abogados, quienes temían que el gesto fuera interpretado como una confesión de culpabilidad. Sin embargo, la nueva estrategia apunta a presentar este arrepentimiento formalmente ante el tribunal antes de que comiencen las audiencias, buscando una morigeración en la sentencia final.