La pulseada entre el sindicalismo y el gobierno de Javier Milei entró en una fase crítica. La Federación de Trabajadores del Complejo Industrial Oleaginoso anunció un paro nacional para este jueves 19 de febrero en rechazo a la reforma laboral que ya tiene media sanción en el Senado.
Daniel Yofra, secretario general del gremio, fue tajante al justificar la medida: “El paro es una herramienta fundamental; somos producto de los paros y de las huelgas” . El dirigente dejó claro que la lucha contra la flexibilización laboral no se limita a las manifestaciones callejeras.
La reforma que enciende la mecha
El proyecto que impulsa el oficialismo propone una transformación profunda del mercado laboral. Con la media sanción ya aprobada en la Cámara alta, el texto ahora espera su tratamiento en Diputados, donde el oficialismo negocia voto por voto.
Los puntos más conflictivos incluyen la extensión de las jornadas laborales, la simplificación de las contrataciones y la habilitación de acuerdos individuales por fuera de los convenios colectivos. Para los gremios, esto implica un retroceso en derechos históricos.
La CGT, entre la presión y la estrategia
El anuncio de los aceiteros no cayó en el vacío. Este lunes, la CGT se reunió de urgencia para analizar el escenario. Mientras sectores más combativos consideran que “están dadas las condiciones” para un paro general, otros prefieren medir los tiempos y evitar una confrontación directa con la Casa Rosada.
La decisión del gremio aceitero podría ser el primer dominó en caer. Si el paro tiene alto acatamiento, otras federaciones podrían sumarse a una medida que pondría al gobierno contra las cuerdas a pocos días del tratamiento en Diputados.
El antecedente de las huelgas que marcaron al país
Argentina tiene una larga historia de paros nacionales que modificaron el rumbo político. Desde la resistencia peronista de los años 50 hasta el primer paro general contra Mauricio Macri en 2017, las huelgas siempre fueron un termómetro del descontento social. En este contexto, la medida de los aceiteros podría ser la chispa que encienda una reacción sindical de mayor envergadura.