La celebración del 25º aniversario del Cosquín Rock fue el escenario de un suceso inesperado: la irrupción de Abel Pintos en la grilla rockera. Lejos de su formato solista habitual, el cantante optó por una dinámica de colaboración constante, integrándose orgánicamente al espíritu del festival serrano en febrero de 2026.
El primer gran impacto ocurrió cuando Pintos subió al escenario para acompañar a Alejandro “Ale” Kurz, líder de El Bordo. La química entre ambos músicos, cimentada en años de amistad, permitió una interpretación de clásicos nacionales que elevó la temperatura del predio. El clímax llegó con una versión de “Jijiji”, el emblemático himno de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, que desató un pogo masivo entre los asistentes.
“Yo a Ale hace muchos años que lo conozco”, declaró el vocalista ante la multitud, añadiendo con entusiasmo sobre la reacción del público ante la pieza ricotera: “Con esta canción es infalible que suceda”. Esta participación fue rápidamente viralizada en plataformas digitales, donde los usuarios destacaron la ductilidad del intérprete para navegar géneros ajenos a su zona de confort.
Versatilidad y cruces generacionales en la montaña
La jornada no terminó allí, ya que el músico también se sumó al set de Eruca Sativa, aportando matices vocales a la propuesta de Lula Bertoldi y compañía. Esta serie de intervenciones reafirmó la tendencia ecléctica de la edición actual, donde las fronteras entre el folclore, el pop y el rock se desvanecieron ante una audiencia diversa y multitudinaria.
En el plano personal, el artista estuvo acompañado por su hijo Agustín, fruto de su relación con Mora Calabrese, otorgándole un matices afectivo a su paso por la provincia de Córdoba. Tras el show, Abel Pintos utilizó su perfil oficial de Instagram para compartir material exclusivo del backstage, consolidando el evento como un hito de vigencia en su carrera profesional.