El 17 de marzo de 1992 quedó grabado para siempre en la historia argentina. Ese día, la sede de la Embajada de Israel en Argentina fue escenario de un atentado terrorista que provocó la muerte de 22 personas y dejó 242 heridos, en lo que fue el primer ataque de este tipo en el país.
Eran las 14:45 de un martes caluroso cuando una camioneta Ford F-100, conducida por un atacante suicida y cargada con explosivos, impactó contra el edificio ubicado en la calle Arroyo 910/916, en pleno centro de Buenos Aires. La explosión fue devastadora: una nube de humo negro cubrió la zona y el estruendo sacudió a toda la ciudad.
Las escenas que siguieron fueron de desesperación absoluta. Autos destrozados, edificios dañados, cañerías rotas y agua mezclada con sangre en las calles. Entre los escombros, vecinos, transeúntes y rescatistas improvisados trabajaban contrarreloj para asistir a las víctimas, trasladándolas a hospitales cercanos.
El médico Jorge Neira, uno de los profesionales que participó del operativo, recordó años después la magnitud del horror: “Llegamos en ambulancia a los pocos minutos. Pensamos que había sido una explosión menor, nunca algo así. La sensación era de angustia, de no saber qué hacer. Son situaciones que superan el profesionalismo”.
El ataque no solo destruyó la sede diplomática y el consulado, sino que también afectó gravemente a edificios linderos: un hogar de ancianos, una iglesia y viviendas de la zona sufrieron importantes daños. Entre las víctimas hubo argentinos y extranjeros —israelíes, italianos, uruguayos, bolivianos y paraguayos—, incluyendo empleados de la embajada, vecinos y trabajadores que se encontraban en el lugar.
Durante años hubo confusión sobre la cantidad de fallecidos. Recién en 1999, la Corte Suprema de Justicia de la Nación Argentina estableció oficialmente que las víctimas fatales fueron 22, cifra que hoy figura en la placa conmemorativa ubicada en la esquina de Arroyo y Suipacha, donde funcionaba la embajada.
El atentado marcó un antes y un después en el país. Dos años más tarde, el 18 de julio de 1994, un nuevo ataque terrorista —esta vez contra la Asociación Mutual Israelita Argentina— dejó 85 muertos y más de 300 heridos, convirtiéndose en el peor atentado de la historia argentina.
A más de tres décadas del ataque a la Embajada de Israel, la herida sigue abierta y el reclamo de justicia continúa vigente.