Murió “Popeye”, el fisicoculturista brasileño que se inyectaba aceite para agrandar sus bíceps
15/01/2026
Arlindo de Souza, conocido mundialmente por haber modificado su cuerpo con inyecciones de aceite mineral, falleció a los 55 años en Recife. Su caso fue durante años motivo de polémica y advertencias médicas.
Arlindo de Souza, el fisicoculturista brasileño apodado “Popeye” por el tamaño desproporcionado de sus brazos, murió a los 55 años en la ciudad de Recife, en el estado de Pernambuco. Había alcanzado notoriedad internacional por haberse inyectado aceite mineral en los bíceps, una práctica extrema sin aval médico que le provocó graves consecuencias para la salud.
El fallecimiento se produjo en el Hospital Otávio de Freitas, donde permanecía internado desde diciembre a raíz de un severo deterioro de su estado general. Según informaron familiares a medios locales, el ex albañil nacido en Olinda atravesaba una falla renal progresiva que derivó en una insuficiencia multiorgánica.
En las últimas semanas, ambos riñones dejaron de funcionar y se sumaron complicaciones respiratorias. Un paro cardíaco impidió incluso la realización de sesiones de diálisis. Aunque al momento de conocerse la noticia aún no se había emitido el certificado de defunción, su entorno señaló que la causa estaría vinculada al colapso de varios órganos vitales.
El velatorio y el entierro se realizaron en el Cementerio de Águas Compridas, barrio donde residía junto a su madre. De acuerdo con su sobrino, Arlindo mantenía un fuerte vínculo con ella y, debido a su delicado estado de salud, aún no había sido informada del fallecimiento.
La figura de de Souza comenzó a hacerse conocida a principios de los años 2000, cuando apareció en programas de televisión exhibiendo sus bíceps alterados artificialmente. La comparación con el personaje de dibujos animados fue inmediata y su imagen se viralizó primero en la pantalla chica y luego en redes sociales, donde llegó a reunir decenas de miles de seguidores. Sin embargo, esa exposición mediática no se tradujo en una mejora económica: subsistía con trabajos ocasionales de albañilería y la venta de agua mineral.
En diversas entrevistas, el propio Arlindo relató que entrenaba desde joven, pero que tras la muerte de un hermano su obsesión por aumentar masa muscular se intensificó. Fue entonces cuando recurrió a métodos extremos, como la inyección de aceite mineral, una práctica que puede generar daños irreversibles.
Los riesgos del uso de sustancias con fines estéticos
El caso de “Popeye” volvió a reavivar el debate sobre el uso de sustancias para modificar el cuerpo con fines estéticos. Especialistas en salud advirtieron reiteradamente sobre los riesgos asociados tanto a los aceites inyectables como a los esteroides anabólicos.
Cardiólogos y endocrinólogos señalaron que estas prácticas pueden provocar dependencia, trombosis, infartos, accidentes cerebrovasculares e incluso favorecer el desarrollo de distintos tipos de cáncer. A ello se suman alteraciones psicológicas, episodios de agresividad, trastornos psiquiátricos, hipertensión, retención de líquidos y daños hepáticos.
En el caso específico de los aceites inyectables, los médicos alertan sobre consecuencias aún más graves, como necrosis muscular, infecciones severas y gangrena. Por este motivo, sociedades científicas brasileñas vienen calificando el consumo indiscriminado de hormonas y sustancias anabólicas como un problema de salud pública.
En ese marco, el Consejo Federal de Medicina de Brasil resolvió en 2023 prohibir la prescripción de esteroides androgénicos y anabólicos con fines meramente estéticos o de mejora del rendimiento físico, ante la falta de evidencia científica que respalde su seguridad.
La muerte de Arlindo de Souza vuelve a poner en primer plano una historia atravesada por la fama fugaz, las prácticas extremas y consecuencias devastadoras para la salud, y deja una advertencia clara sobre los límites del culto al cuerpo llevado al extremo.

