Un preocupante panorama se instala en la previa de Semana Santa: el precio del pescado registró aumentos de hasta un 800% en los últimos tres años, mientras que el consumo cayó a apenas 5,1 kilos por habitante, el nivel más bajo en medio siglo.
Según un informe de la Fundación Latinoamericana de Sostenibilidad Pesquera, el mercado interno atraviesa una distorsión inédita, donde los valores en góndola se disparan muy por encima de los costos en origen.
Precios por las nubes
El relevamiento expone incrementos impactantes: el filet de merluza pasó de costar $1.600 en 2023 a unos $14.000 en 2026, mientras que otras variedades alcanzan cifras aún más elevadas. Actualmente:
Merluza: cerca de $15.900 por kilo Salmón rosado: hasta $42.900 Mero: alrededor de $25.800 Lenguado: cerca de $29.800
Incluso opciones más accesibles como la brótola o el gatuzo superan ampliamente los valores históricos, consolidando un escenario donde el pescado queda fuera del alcance del bolsillo promedio.
Una brecha que preocupa
Uno de los puntos más críticos es la diferencia entre el precio en origen y el valor final. Según el informe, el kilo de merluza se paga unos $1.700 en puerto, pero puede venderse hasta ocho veces más caro al consumidor.
“La suba en origen explica apenas el 13% del precio final”, advierten desde FULASP, señalando una cadena de intermediación que distorsiona el mercado y encarece el producto.
Consumo en caída libre
El impacto de los precios ya se refleja en el consumo, que permanece en mínimos históricos. En un país con fuerte producción pesquera —superior a las 700.000 toneladas anuales—, gran parte se destina a la exportación, lo que agrava la situación en el mercado interno.
Un producto en riesgo
A días de Pascuas, el informe alerta que el pescado podría transformarse en un producto de lujo si no se implementan medidas que regulen la cadena comercial.
“El mercado interno está siendo expulsado”, advierten los especialistas, en un contexto donde una tradición profundamente arraigada como el consumo de pescado en Semana Santa se ve cada vez más limitada por el factor económico.