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Alerta epidemiológica: la fiebre Oropouche se expande en Sudamérica y pone en guardia a la Argentina

29/03/2026

Aunque el dengue acapara los titulares, un "nuevo" protagonista se mete en la agenda de salud regional: el virus Oropouche. Tras registrar más de 12.000 casos en 11 países durante el último año, expertos advierten que la deforestación y la movilidad humana están sacando al patógeno de la selva para llevarlo a las grandes ciudades, con un riesgo latente de desembarco en el norte argentino.

Microfotografía del jején Culicoides paraensis, el minúsculo insecto responsable de la transmisión del Oropouche en entornos húmedos y periurbanos.

El virus Oropouche, identificado por primera vez en 1955 en Trinidad y Tobago, ha dejado de ser una infección esporádica de los bosques amazónicos para convertirse en una amenaza urbana a gran escala. Investigadores de la Universidad de Cambridge y el Colegio de Medicina de Kentucky confirmaron que en ciudades como Manaos, los casos se duplicaron en solo un año, señal inequívoca de un brote descontrolado impulsado por la falta de defensas naturales en la población.

A diferencia del dengue, el Zika o la chikungunya, que son transmitidos por el mosquito Aedes aegypti, el Oropouche tiene como principal vector al jején Culicoides paraensis. Este pequeño insecto encuentra su hábitat ideal en zonas con alta humedad, temperaturas elevadas y áreas afectadas por la deforestación. Los síntomas —fiebre alta, dolor de cabeza intenso, náuseas y sensibilidad a la luz— suelen confundirse con otras patologías tropicales, lo que dificulta un diagnóstico temprano.

El riesgo en suelo argentino

El doctor William de Souza, líder de la investigación publicada en Nature Medicine, advirtió a medios especializados que la transmisión local en Argentina es una posibilidad real. "Ya se confirmó la presencia del jején Culicoides paraensis en las provincias de Misiones y Salta", recordó el experto. El escenario de riesgo se activa si un viajero infectado regresa al país y es picado por estos jejenes autóctonos, iniciando una cadena de contagio local.

Factores ambientales y silencio clínico

Un dato que preocupa a los virólogos es la alta tasa de casos asintomáticos. Según De Souza, muchas personas transcurren la infección con síntomas leves que no llegan a la consulta médica, lo que genera un "subregistro" peligroso. Además, el estudio reveló que la movilidad humana y la interacción con la fauna silvestre son determinantes más críticos que el propio cambio climático para la expansión del virus hacia el sur del continente.

Actualmente, no existe una vacuna ni un tratamiento específico aprobado para la fiebre Oropouche. Las recomendaciones se centran en la prevención: uso de repelentes, ropa de manga larga en zonas rurales y el refuerzo de la vigilancia epidemiológica en las fronteras. Con el virus ya presente en países limítrofes y el vector identificado en el norte nacional, la comunidad médica insta a no subestimar a este patógeno que, tras décadas de silencio, ha decidido colonizar las ciudades.

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